En el autobús

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Texto y foto: Adriana Ciccaglione @adricicca

“En una línea el mundo se une, con una línea el mundo se divide, dibujar es hermoso y tremendo”, Eduardo Galeano.

El ejercicio de subirse a un transporte público, para los venezolanos implica algo más que eso.

En ese espacio que se mueve y que te lleva o te trae a los lugares donde necesitas ir, se reúnen toda clase de personas, sin exclusión racial, de sexo, condición social y mucho menos política.

Se montan las “sifrinitas” con su último androide en la mano, bolso cruzado y siempre acompañadas de amigas quienes atinan con comentarios como: ‘Que calor hace’, ‘la cola no se soporta’, entre otras a las cuales nadie remite quejas, pues siempre son muy ciertas.

Se suben los obreros, después de un arduo trabajo, con los ojos iluminados… Esperando poder llegar a casa para descansar, ver  a sus chamos, hablar con su esposa. La mayoría de veces están alegres, como quien ha cumplido con el mandado y todavía le queda algo de vuelto.

Indispensables en los autobuses son aquellos a quienes en Barquisimeto han sido catalogados como ‘charleros’. Increíbles pues, no faltan, no importa si hay lluvia inclemente, ellos aguardan y por supuesto emprenden su misión: que le den dinero por lo que ofrecen.

‘Buenas tardes queridos usuarios. ¿Quién me responde las buenas tardes? Ah bueno, después no digan que los maleducados somos nosotros. No te vengo a cotorrear, no tengo a mi mamá hospitalizada, tampoco vengo de un centro de rehabilitación por drogas, ni acabo de salir de Uribana, pero esto es mi chamba y necesito que me ayuden…”.

La semana pasada, como la creatividad da para todo y para todos, se subió un joven argentino y con cuatro en mano comenzó a cantar. No recuerdo muy bien la melodía, pero parte de la canción decía: El mundo está al revés, los niños viven a pie. Y aunque no me ofreció chucherías, marcalibros o algún objeto poderoso arranca grasa de platos, sí una reflexión y un suspiro.

En ese mismo autobús, diagonal a donde yo estaba sentada, se encontraba una señora identificada con el oficialismo. Franela roja, símbolo del 4 de Febrero, y una insignia del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). Después de un rato sentada, sacó de su bolso tejido un libro que en la portada decía: Mis oraciones del día. Su marca-libros era el rostro de Jesús en la Cruz, lo que llamamos una estampita coloquialmente. Se puso a leer y a meditar…

Yo pensé, esto es Venezuela, sin importar el color del partido político. Todos andamos en la búsqueda de la paz, de la reconciliación. En ambas partes hay radicales, pero la mayoría necesitamos encontrarnos en un abrazo fraterno, en esa mirada que no discrimine, en aquel gesto de aceptación sin humillación de por medio.

Ojalá los políticos se pudieran subir a ese autobús y entender esto, así como el malhumor del chófer por el tránsito. El vallenato o el reguetón que aturden, el empujón, el pisón y la imprudencia denotada y connotada en algún ademán o postura.

Es ese autobús nuestro país. Dentro se encuentran los que quieren tener un mejor puesto, las señoras que sonríen cuando se les ofrece una atención, aquel que se quiere bajar sin contemplar la posibilidad de entendernos. El que agradece y por arte de magia hace sonreír al que conduce.

Pero por sobre todo está el niño, ese pequeño que no entiende lo que está pasando, que mira por la ventana para ver un futuro más allá de las quejas, la música, la caballerosidad, la bendición y el temple del ciudadano de a pie… Ellos viajan y nosotros debemos construirle ese lugar seguro, sin confrontaciones políticas e ideológicas,  para que se sientan orgullosos de haberse subido a un autobús llamado Venezuela.

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3 comments

  1. Gisela Díaz · abril 29, 2013

    Le has puesto, un matiz de romance al esfuerzo (tengo otro adjetivo pero no quiero desentonar tu bello post) de usar transporte público en este país, y lo narraste con ojos llenos de esperanza. Un abrazote

  2. adricicca · abril 29, 2013

    Quiero creer Gise que todo esto pasará y que algún día iremos rumbo a esa oportunidad de encuentro fraterno… Gracias por tu comentario, un abrazo!!

  3. Al Vanegas · mayo 1, 2013

    Es el Diario vivir de un ser humano en una urbe,es la vida,lo dulce,lo amargo,simplemente es una estupenda
    crónica de lo cotidiano.

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