El guayabo del desarraigo

Por: Adriana Ciccaglione
@adricicca

En un sobre, de esa forma me entrega una amiga de mi hermana Vincen unas medallas que nos ha enviado. Envueltas con cariño, así viaja ese sentimiento de los venezolanos que decidieron emigrar a otro país. Ya no hay chance para regresar, ya la geografía quedó atrás. Los afectos no, es imposible, pero ni la tecnología ni esos amigos viajeros pueden suplantar el abrazo del ser amado.
Así comenzó este 18 de octubre, lleno de nostalgias por aquellos que decidieron llenar sus maletas con expectativas mejores a las que ofrece Venezuela.
Tomo el celular entre mis manos y le intento mandar un mensaje de voz de feliz cumpleaños a mi mejor amiga quien se encuentra en Buenos Aires. Comencé muy bien, el final estuvo complicado… se me quebró la voz, empecé a llorar. Es inevitable, era una fecha para celebrar y la distancia siempre tan impertinente me recuerda una y otra vez que nos separan kilómetros. ¿Alegrarme por sus triunfos y éxitos? Si claro, pero así de lejitos, me falta la complicidad, los minutos robados a nuestros empleos para tomarnos un café y ponernos al día. Me falta eso y mucho más.
En la tarde, se me ocurre bromear con un amigo sobre sus gustos musicales. Le encanta Silvio Rodríguez, a mí también. De música y anécdotas juveniles, pasamos al tema ineludible: el país se nos cae a pedazos ante nuestros ojos. Una noticia me espabila, se va para Bogotá. Deja todo, se lleva su afecto más seguro: su hijo. Una frase abruma la conversación, “aún no logro aceptar lo que estoy haciendo”. Y es que irse no es sinónimo de querer hacerlo. Es una decisión, que en este caso se ha convertido en un mandamiento para millones de venezolanos.
Leonardo Padrón en su crónica Fragmentos de una montaña rusa dice: “La vida cabe en dos maletas. Eso ha comprendido un millón y medio de venezolanos en los últimos años. Cuando decides abandonar el país tu vida se reduce a dos simples maletas. No hay espacio para el apego. Sería exceso de equipaje”.
No hay espacio para el apego para aquellos que se van, y quiénes nos quedamos tampoco tenemos derecho a ello. La nostalgia no cabe en dos maletas, tampoco la soportamos quienes tenemos que despedir a aquellos que más amamos. Al parecer el éxodo se convirtió en una epidemia incurable.
Intento evadir la tristeza, pero ya era muy tarde, me había invadido por completo. Comprendí que los tacones y el ron no son buena mezcla. En la madrugada el insomnio me recuerda que al guayabo del desarraigo no le importa la hora, está allí en un pensamiento voraz.
Finalmente las lágrimas decidieron emprender su camino. Me surcaron las mejillas, se deslizaron por el cuello y hasta las tetas se me llenaron de hiel.
La amargura del hasta luego es inevitable, independientemente de las promesas que se escuchan: ‘Vengo en diciembre’, ‘avísame cuando vayas’, ‘te guardo el sofá’. Eso no es suficiente, para quienes permanecemos anclados al país de las despedidas.
El adiós tiene un sabor particular, indescriptible en palabras. En sentimientos sobran las acepciones. Se trata de un hecho que comienza con la decisión de partir y no termina nunca, ni siquiera con la ventanilla del avión empañada.
Ante la desesperación de un país que se nos va, los venezolanos nos convertimos en alquimistas del desarraigo.

Papa-viajero

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9 comments

  1. Mary Carmen Briceño · octubre 19, 2014

    Muy sentidas tus palabras amiga … desde esta lejania lo vivo cada momento.
    Cada pedazo de parrafo leido fue como un hilo emocional ensartado en una aguja que empezo à pincharme.
    GRACIAS .
    Mary Carmen Briceño

    • adricicca · octubre 19, 2014

      Estoy cansada de ver partir a mi gente querida… tu formas parte de esa lista que aún no termina.
      te quiero mucho Mary y deseo de corazón que todos tus planes se lleven a cabo, te quiero amiga!!

  2. Rosa Baptista · octubre 19, 2014

    Que hermoso Adriana…! un escrito cargado de sentimiento, sentimiento que es compartido, demasiada gente abandonando el país, no queda otra.. muchas gracias..!

    • adricicca · octubre 20, 2014

      Rosita que tristeza queda en el alma cada vez que se va alguine… saludos amiga, un abrazo!!

  3. Al Vanegas · octubre 20, 2014

    Coño….si así es como siento este dolor del desarraigo,en mi caso vi partir a 2 queridos sobrinos,El Ingeniero se llevo un poco mas de 2 maletas su esposa y sus 2 niñas,Ella una pichona de periodista se va con tristeza de dejar a su mama,papa y 3 hermanos y muchos tío y primos que la aman,es el hasta luego de mi sobrina bella,Euler y engely mis 2 sobrinos que se fueron,por ahora no se cuando este infierno a a terminar…

    • adricicca · octubre 20, 2014

      El chiste es que todos estamos en este proceso, no hay un venezolano que no se sienta identificado, la experiencia se ha hecho común, triste pero cierto

  4. Cristina · octubre 20, 2014

    Ay amigaaa… Eso nunca antes había pasado en Venezuela… y es que era al contrario. Allá la gente llegaba huyendo de la Segunda Guerra Mundial o de conflictos internos de los países. Era un país de acogida y hospitalidad. El venezolano no sabe lo que es emigrar, no está en sus venas. Y ahora le ha tocado más fuerte que nunca. Se extrañan los olores, sabores, ruidos, fiestas, pachangas, desorden y todo lo que caracteriza a Venezuela. Cuando se está afuera y estás caminando o de repente estás parado en una cola y escuchas a alguien hablar con ese “acento” que nos caracteriza, te das vuelta y te alegras porque hay alguien como tú y de inmediato uno le pone conversación: Que hace cuanto tiempo está en el país, que si viene de visita, que si le gusta… En fin, y se empiezan hacer grupos para mantenerse en contacto… Siempre añorando regresar a la patria amada. No faltan los que por una u otra razón no quieren saber más de Venezuela, gracias a Dios son pocos, pero según ellos les hace bien pasar la página para no quedarse anclado a los recuerdos que si se mantienen vivos puede hacer daño porque uno hasta se enferma de nostalgia. Hay que aprender a estar en tierras lejanas. Es duro, difícil, complicado pero no queda de otra 😦 Ojalá algún día, y que no sea taan tarde, podamos todos regresar nuevamente.

    • adricicca · octubre 20, 2014

      Pasar la página es una posibilidad lejana… a la patria uno la lleva en el corazón, eso es lo triste no poder seguir por motivos que nos tocan tan de cerca…

  5. Evelyn · abril 2, 2015

    En los Venezolanos está ocurriendo un fenómeno muy bonito debido a una situación digamos fea y es que debido al movimiento migratorio nos estamos expresando desde nuestra esencia pura. Felicitaciones a todos los que comparten sus experiencias. Los invito a leerme en http://emigradavenezolana.blogspot.com/?m=1

    http://emigradavenezolana.blogspot.com/p/prueba.html?m=1

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