Las Olimpiadas: El sueño de Venezuela en el podio

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Fotos: Cortesía VTV

Era agosto de 1984 y mi papá nos reunió a todos frente al televisor. Estaba pequeña y no comprendía muy bien lo que ocurría, pero sabía que se trataba de algo bueno. Una especie de emoción invadía el ambiente y hasta complicidad. En la pantalla había cinco aros de colores diferentes, escuché un silbato y entendí que era una competencia.

Mi padre me hizo un gesto con los dedos y yo apuradita los crucé y me contagié de la energía bonita de ese momento.

Las Olimpiadas de Los Ángeles (1984) se celebraban en esa oportunidad. La palabra olimpiadas no era extraña para mí, a esa corta edad la asociaba con un osito y el nombre de la gimnasta Nadia Comăneci (por Moscú 1980).

Pero en estas competencias, que ahora aguardábamos había algo más que el respeto y la admiración por una gimnasta rumana. Los competidores saltaron, pero esta vez no desde una alfombra o potro, sino que se fueron directo el agua. Y el nombre por quienes todos estábamos reunidos y apostando era más sencillo de pronunciar y recordar: Rafael Vidal, nuestro Rafael Vidal.

Ese día el nadador consiguió Medalla de Bronce en estilo Mariposa. Y entendí toda la conmoción cuando en la pantalla salió el tricolor nacional, el mismo que desde pequeña llevaba en mis cuadernos, el que aprendí a colorear con creyones de cera o de madera, el que encontraba en el cole, pero además en ese caso venía dibujado entre gritos, aplausos y alegría con sabor a orgullo.

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Desde ese momento entendí que la cita en las Olimpiadas era cada cuatro años, y mi padre quien era italiano, me enseñó a que yo debía ligarla a mi equipo, a mis atletas, a quienes me representaban en otra nación, es decir, debía soñar con Venezuela en el podio. Más que un deber, se trata del sentir nacionalista que nos une.

Han transcurrido 32 años desde esa anécdota, pero el sentimiento está intacto en mí. En las otras olimpiadas, siempre crucé y aún cruzo los dedos y se me iluminan los ojos, cuando otro venezolano asiste a estas competencias.

Con mi tocaya: Adriana Carmona, me confundí ya que no entendía que el taekwondo para Barcelona 1992 era deporte de exhibición, y tanto ella como Arlindo Gouveia, recibían Medalla de Bronce y de Oro respectivamente, en una especie de sí, pero no. La alegría estaba como trancada, igual celebré.

Me la desquité completica con la misma Adriana Carmona, que en 2004 se alzó con la presea de Bronce en Atenas.

En 2008 lloré porque además de venezolana, se trataba de una guara, de Cabudare para ser más exactos, Dalia Contreras conseguía con la humildad que la caracteriza, una alegría color bronce para el país. Recuerdo que los colegas de Deportes, se trasladaron a la casa de esta muchacha a compartir el triunfo con sus familiares.

Para Londres 2012 ya llevaba cinco años trabajando en El Impulso y fue una tarde de Olimpiadas, cuando todos nos ‘encochinamos’ (nos atrasamos en las labores). Sin importar la fuente, todos absolutamente todos estábamos de pie. Nadie redactaba una letra. Los televisores de los distintos pasillos, estaban sintonizados en el mismo canal. Era el momento histórico en el que nuestro zorro, Rubén Limardo conseguía con su espada la Medalla de Oro para Venezuela. Luego del silencio aterrador, la alegría fue infinita, se desbordaba, una vez más nos abrazamos y esta vez con el Gloria al Bravo Pueblo de fondo, para sentir el corazón más apuraito que de costumbre.

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Aún no han culminado las Olimpiadas en Río 2016, todavía faltan jornadas deportivas por disfrutar. Pero las lágrimas a mí me han sorprendido en más de una oportunidad. Ver a la pesista Naryury Pérez no poder concluir su intento, observarla en el piso, era sentir lo áspero de esa alfombra en mi propia espalda. Y más adelante detallar el triunfo, de su compañera la también pesista Yaniuska Espinosa, quien además consiguió el primer lugar en el Grupo B de su categoría, eso contrastaba completamente toda emoción sentida.

La imagen de oro, para todos los venezolanos en estas Olimpiadas, fue la de Yaniuska abrazando a Naryury, ofreciéndole palabras de aliento, levantándola desde el ánimo y el compañerismo. Ese retrato, se debe repetir en nuestra cotidianidad, la nobleza del criollo, tiene que demostrarse con la misma gallardía de ambas pesistas.

Por supuesto, que al ver a Yulimar Rojas ganarse la Medalla de Plata, pues también ocasiona alegría y orgullo. En tres saltos se puede conseguir la victoria, fueron tres saltos los que nos hicieron soñar nuevamente con el podio y así fue, una vez más la bandera venezolana se izó en lo más alto, para movernos la fibra nacional.

Insisto, aún faltan días de competencias. Yo seguiré cruzando mis dedos, por Stefanny Hernández, Yoel Finol, por ellos y por todos los atletas de mi país,  en esta y en todas las Olimpiadas que veré.

Continuaré apostando por quienes como yo, se llaman venezolanos. El tricolor es uno, el país también, ellos nuestros embajadores deportivos. Que viva Venezuela en el deporte y en la esperanza de estos héroes que nos regalan sonrisas y lágrimas de sueño, de vernos retratados en la nación donde unidos y abrazados, apostando todos por el mismo logro, somos más.

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Posdata: Acá les dejo el enlace del vídeo en el que Rafael Vidal conseguía el Bronce para Venezuela:https://youtu.be/6HTu5ZNnaoQ

 

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2 comments

  1. Flora Ovalles · agosto 19, 2016

    Te amo bella!!!!

    • adricicca · agosto 25, 2016

      Y yo a ti, estamos hechas con los mismos ingredientes, un abrazo!!

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