Heredera de una tradición que se amasa: La arepa

“… y ya al sueño entregado viendo va mientras sueña que el cielo es un budare, la luna es una arepa y un gran plato de queso rallado, las estrellas, en tanto que las nubes evocan de tan tiernas, lambetazos de fina mantequilla danesa”.
Aquiles Nazoa, Nocturno del poeta y la arepa

arepa olivares 02

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Ilustración: Cortesía Oscar Olivares

En mi búsqueda por sembrar la cultura venezolana, pensaba que este escrito lo debía comenzar por decir la etimología de la palabra arepa, sus orígenes, de dónde proviene y todo lo demás.

Pero resulta que he comprendido que algo tengo de los cumanagotos, así como de los gayones y los jiraharas. Por mis venas recorre esa sangre de aborígenes indígenas, pero lo demuestro cuando mis manos se bañan de agua y comienzan a darle forma a la harina para hacer la arepa.

Mis ancestros salen de inmediato, es como un encuentro que se repite cada mañana, al calor del budare, mientras la música que proviene de la radio ayuda a que la labor se haga con alegría,  y entre canto y canto, consigo el pan nuestro de todos los venezolanos.

Soy hija de Ana Teresa y nieta de Carmen, oriundas de Santa Teresa del Tuy, heredera de una tradición que se amasa y que se comparte. Desde pequeña observé como lo hacían, con la calidez del hogar, de la casa abierta, de los muchachos corriendo por los pasillos, mientras el fuego dibujaba figuras inexplicables en nuestros platos de comida.

Cada nueve de septiembre se celebra el Día Internacional de la Arepa. En esta lejanía de mi país, Venezuela, es esa comida la que me acerca a mi tierra. Ese sabor dentro de mi boca me devuelve a la nación que añoro y sueño, la que me dio vida, así como la hoguera de los cumanagotos calentó este alimento que es santo y seña para cada uno de los venezolanos.

Mis arepas son redonditas como las de la Abuela de Gualberto Ibarreto que no sabía de geometría, pero le quedaban perfectas, o las de la Negra Rosa de la Billo´s Caracas Boys. Se han convertido en sol, como las del poeta visual Oscar Olivares.

Pero es sobre todo, el relato de cada venezolano, el manjar predilecto, o como bien lo describe en su poema José Joaquín Burgos la arepa es: “una hostia consagrada por las manos benditas de la Virgen/ Al alba comienza la molienda el amasijo suavizado con agua oloroso a mastranto y a rezo, a súplica, a soledad vestida de violines/ La arepa es una hostia que en el budare quema hacia dentro del alma”.

¡Feliz Día de la Arepa!

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