Una década sin ti…

Por: Adriana Ciccaglione

Foto mama matrimonio 003 (2)

Aquella noche del 12 de diciembre, jamás se me pasó por la mente que me quedaría sin un pedacito de mí. Mucho han dicho las madres, que nosotros los hijos formamos parte de ellas. A la inversa ocurre exactamente igual.

Estaba jugando, creo que dominó con unos amigos. Al llegar al apartamento te mostré las medicinas que te había comprado. Me dijiste: “Mami y para qué gastaste dinero en eso”. Es increíble, la gente sabe cuándo va a morir y te sueltan esas frases que al momento no puedes comprender.

Esa noche hablamos de todo, me diste consejos sobre amor y pareja. Me dijiste que estabas feliz, porque Tony había salido contigo y te había llevado del brazo, “almorzamos juntos”, añadiste y se te iluminaron los ojos.

Cuando tu corazón no pudo más, me pediste que llamara a mis hermanos. Lo demás es historia, la que está en los corazones de tus cuatro tesoros que dejaste.

El apartamento de la Vargas con 25 ese 12 de diciembre se impregnó de un olor a rosas, que nos aturdía de tristeza. Lo hubiese cambiado por lo que tanto extraño: Las caraotas, la carne mechada, la salsa roja de la pasta, los ñoquis, la avena. Jamás me imaginé que se pudiera echar de menos todos los sabores de la infancia y de la vida.

Me hace falta la bendición, la caricia, el regaño y la mirada de protesta. El gesto de desagravio cuando algo estaba realmente mal. La complicidad cuando te pedía que me guardaras un secreto.

Añoro limpiar el apartamento 4 y montar el árbol de Navidad, que desde lejos todos los que pasaban podían observar, pero que a ti te causaba alegría especial. Me daba alergia, me quejaba, colocaba música que repetía una y otra vez, pero el árbol se montaba. Nunca más las luces volvieron a titilar de la misma forma. Por estas fechas, esos ángeles hechos por ti eran parte de la decoración decembrina.

Me falta, me falta tanto. Preguntas, cosas que decirte y demostrarte.

En ese baúl de recuerdos, hay una fecha muy especial, el día de mi graduación como periodista. El acto se realizó en el Centro de Arte Lía Bermúdez de Maracaibo. Te tomé de la mano y atravesamos juntas el penetrable de Soto. Cuando terminamos te pregunté: Escuchaste. Me respondiste: es el día más feliz de mi vida.

Así será otra vez, atravesaremos los penetrables de Soto, escucharemos la música y seremos felices. De la mano, siempre de la mano juntas.

Mamá y si Dios me preguntara como quisiera que se llamara el ángel que cuidaría mi vida, le respondería sin dudar: Ana Teresa.

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