Venezuela: Despierta y reacciona es el momento

 

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Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Tenía 20 años. A los veinte, uno hace, inventa, ríe y sueña. Es que si no es a esa edad, ¿para cuándo?

Recuerdo la promoción por televisión: Venezuela, Despierta y reacciona es el momento. Era la campaña para la visita del Papa Juan Pablo II a nuestro país en 1996.

Su segunda visita apostólica. La primera fue en 1985, yo estaba muy pequeña y seguí por televisión la peregrinación del Papa amigo, como le cantaría Adrián Guacarán en esa hermosa interpretación. Me puse a llorar cuando se subió al avión, porque yo lo quería ver de cerquita. Me fui al balcón del apartamento donde vivía y veía al cielo, para ver si pasaba el avión y yo le decía adiós. Las cosas de niña ¿verdad?

Pero en 1996 era distinto. Ya era grande, adulta decía yo. Pertenecía a la Jufra, una agrupación de jóvenes franciscanos. Llamé a mi querida amiga Elena, teníamos que resolver lo del viaje a Guanare, permiso de la Diócesis, búsqueda del transporte, nada sencillo, pero a los 20 todo se puede.

Juan Pablo II después del atentado y por razones de salud, en sus visitas hacía cuatro grandes paradas en tres días: Una con la sociedad y los políticos; la que ofrecía a la Virgen María, la que dedicaba a los enfermos y el encuentro con los jóvenes.

Pues Elena y yo, montamos la logística para ese viaje desde Barquisimeto al templo votivo que se inauguraba, hoy Basílica Menor Nuestra Señora de Coromoto. Con sus contrariedades y cosas buenas, el viaje salió. Recuerdo la vigilia, algo realmente impresionante. Las monjas de clausura, entre esas las Clarisas les habían permitido estar allí, para esperar la misa al día siguiente con el Santo Padre. Entre cánticos, oraciones y algo de frío, pasamos la noche.

El sol de la mañana, nos avisaba del calor del día, así como de las palabras que el Papa ofrecería en la homilía. Luego, al finalizar una caminata maratónica. Por motivos de seguridad los vehículos debían ser estacionados a más de siete kilómetros. Imaginen pues, con el calor de Guanare y ya pasado el mediodía, como podía ser eso. Estamos hablando del 10 de febrero.

Retornamos a la iglesia Altagracia de donde habíamos salido. Estábamos de varias fraternidades de la Jufra. Algunos de los muchachos no habían ido. Recuerdo que entre esos, estaba Raúl, quien se me acercó y me dijo: “Estoy averiguando si salen gratis los autobuses desde la Catedral hasta Caracas. ¿Si es así te vienes? Se realizará el Encuentro del Papa con los jóvenes”. Respondí que sí y a eso se nos unieron dos personas más.

Cuando llegué a la casa, mi papá contento me comentó que había visto por televisión lo de Guanare. En ese momento, estaba Juan Pablo II reunido con la sociedad y los políticos en el Teatro Teresa Carreño. Sonó el teléfono no existían celulares o por lo menos yo no tenía. Era Raúl. “A las doce salen los metrobuses (así le llamaban), ¿Vienes?”, volvió a preguntar y respondí que sí.

Ahora el tema era cómo decírselo a mi papá. Le sonreí y le dije: Papi, me baño y me voy a la Catedral, porque mañana es el encuentro de los jóvenes con el Papa en Los Próceres, me invitaron y me da pena no ir, además yo lo quiero ver. Mi papá respondió: ”Pero ya tu no lo viste mi amor, qué tanto le ves a ese Papa”. Le insistí: Yo lo quiero ver de cerquita. Puse cara de hija consentida, que a veces me funcionaba, por fortuna esa fue una de las oportunidades en las que sí surgió efecto.

Tener 20 sirve cuando debes  viajar en un Metrobús, donde no hay sillas reclinables, ni cómodas para semejante osadía. Al amanecer del 11 de febrero, ya estábamos en Caracas. Pensaba que nos iríamos a Los Próceres, pero el coordinador de la Pastoral Juvenil de Barquisimeto, nos advirtió que era muy temprano para ello. Teníamos pases para ir a la misa dedicada a los enfermos en La Carlota. Se dividía en cuadrantes y Juan Pablo II dio la orden al conductor que pasara con el papamóvil por todos los espacios. Finalmente, lo vi de cerquita, me puse a llorar.

De La Carlota a Los Próceres también caminamos y mucho. Sólo pudimos montarnos en el metro y avanzar dos estaciones. Había que cerrar el metro, así como las vías de acceso, motivos de seguridad. Insisto, sólo con 20. Nos paramos, reímos, cantamos. Comimos pan con mortadela y juguito de naranja, eso era suficiente para soportar la jornada y la alegría.

Al llegar nos repartían una hoja con el himno compuesto por el sacerdote jesuita Miguel Matos. Ese es Jesús se llamaba el tema. Teníamos que aprendernos el canto, para cuando llegara el Papa. Es primera vez que Los Próceres se llena de una genuina espontaneidad, de corazones llenos de amor. Bailamos, nos abrazamos, conocimos a otros jóvenes, y volvíamos a repetir el coro: “Odio, guerra, cuánto llanto, rabias, miedo y tanto dolor… Cuándo va a reír esta tierra, cuándo va a triunfar el amor”.

Juan Pablo II se rejuveneció al ver esa concentración de alegría, intentó bailar con nosotros, aplaudía. Su mensaje esa tarde inolvidable: “Jóvenes venezolanos, no tengan miedo de abrirle las puertas de su corazón a Cristo. Él nunca defrauda, ante el miedo al futuro, al compromiso, al fracaso”.

Y toda esta chachara, no es sólo para recordar que un día como hoy se cumplen 22 años de la última visita del Santo Padre a Venezuela, no. Es que no creo en las casualidades y hace dos días tuve un sueño, que otros llaman revelación, ya tampoco me importa mucho lo que fue, pero fue y eso sí es resaltante.

De cerquita y esta vez más,  pude ver a San Juan Pablo II y le pregunté si sabía de la situación del país. Me respondió que sí con la cabeza y me mostró el rosario con su mano. Le insistí, usted nos puede ayudar, sabe lo duro que es vivir así. Y me dijo con su voz pausada: “Lo sé, vi morir a seres amados por ese tipo de sistemas”.

Orar es gratis, más si lo hacemos a un hombre que luchó por la justicia social. Que demostró su lado más humano, para aquellos países donde la miseria, la guerra y el hambre devastaban pueblos enteros.

Haciendo el recorrido por todos estos momentos, recuerdo que en el himno que le cantamos a Juan Pablo II decía:

“Nuestra juventud siente a una patria que espera, unos brazos nuevos y un mejor porvenir. Vamos a tomar una vez más la bandera, esta juventud tiene que inventar un país, esta juventud tiene que inventar un país”.

Vamos joven, no tengas miedo. Llevas a Cristo en tu corazón, al ejemplo de un muchacho polaco que hoy nos habla desde su testimonio de vida. Haz que triunfe el amor en la tierra que te vio nacer. Despierta, reacciona, es el momento. En nuestras manos está: Nos toca inventar un país.

Y aquí les dejo el vídeo, para los que nunca han escuchado el himno, que hoy parece más vigente que nunca.

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