Silvio Mignano: “Mi vida es un viaje con la curiosidad”

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

El Embajador de Italia en Venezuela, se desprende de su traje como diplomático y en un encuentro entre palabras y confesiones, muestra su lado más sensible, aquel que está relacionado con la literatura y la ilustración, de manera inexorable es su esencia lo que transmite en su propuesta artística

Texto y fotos: Adriana Ciccaglione/Prensa Cavenit Barquisimeto

Ilustración: Silvio Mignano

Mario Benedetti, reconocido y admirado en América Latina por su pluma y talento, dijo en una oportunidad que la poesía, “es el género de la sinceridad última e irreversible”. Él así lo expresaba tanto en la narrativa como en su obra poética. Pero esto es más que una frase, es la esencia de este género y al mismo tiempo un sacramento permanente de encuentro y reconciliación.

La sinceridad última e irreversible puede parecer simple, pero es sin duda alguna un reto, un espacio íntimo en el que el desahogo encuentra su cita. La propuesta poética de Silvio Mignano, se arriesga a tomar esta característica, en sus palabras se aprecia la honestidad de quien queda desnudo consigo mismo.

Él por su parte es un hombre sencillo, de mirada inquieta y detallista, pero tranquilo en su caminar y en su proceder. Su verbo también es pausado y preciso, no es mezquino con la sonrisa ni con la amabilidad, van de la mano.

Listo para un intercambio de preguntas y respuestas, advierte la hora en su muñeca y se prepara para un diálogo en el que, como en la poesía se vuelve a descubrir, esta vez para dejar ver al hombre tímido que se refugia en las letras y en los trazos, como el alfarero en el barro.

El arte de la ficción

La novela es un pasadizo secreto a otro país, como lo definió Amos Oz, a otras vidas y entornos que son ajenas y se convierte en una ventana que se abre y cierra, al compás de la lectura. Hacer este género literario, es una apuesta por describir y descubrir esos mundos ante los ojos de los demás.

– En su obra literaria navega por dos géneros diferentes: novela y poesía, además de los cuentos. ¿Con cuál de estos escritos puede expresar Silvio Mignano su mundo interior?, ¿Con cuál se siente más cómodo?

– Es difícil decirlo, por supuesto son dos mundos alternativos o complementarios, en el momento en que me encuentro dentro de uno, casi temporalmente olvido el otro.

Me puedo expresar en ambos de manera distinta, cuando escribo novela o narrativa en general, tengo más la posibilidad de esconderme en cierto sentido. Fracciono algunos aspectos de mi personalidad atribuyéndolo a personajes distintos, sembrándolo casi como un juego en la trama, dejando al lector la misión de descubrir cuáles rasgos de uno u otro personaje me pertenece o no. Mientras que en la poesía me desnudo, por lo menos en mi caso estoy más visible directamente, revelo mucho más mi interioridad.

– Desde Una lección sobre el amor (1999), pasando por Las puertas del infierno (2001), El cuento del mercader docibile y de la princesa siriara, hasta llegar a Pilar de los invisibles (2015), ¿Cómo cree o siente que ha sido su evolución como novelista?

– Considero que hay en la estructura una mayor capacidad de construcción, una mayor entre comillas profesionalidad. No es que en los primeros no fuera profesional, pero con el pasar de los años soy más consciente del material con el cual trabajo. Inicialmente era un ímpetu personal que me empujaba a escribir. Una característica es que mi primera novela, quería ubicarla en el sentido más alto de la literatura. Luego uno de los personajes que estaban presentes en la novela misma, un investigador se ha revelado a mi creación y ha buscado un papel más central. Desde entonces, los libros siguientes han tenido más que ver con la realidad concreta y material de cada uno de nosotros como seres humanos y eso ha enriquecido mucho mi escritura.

– Tanto en Una lección sobre el amor, como En las puertas del infierno, las historias se presentan en medio de investigaciones secretas, es una especie de thriller. ¿Cree en el suspenso como gancho para atrapar al lector?

– Sí para enganchar al lector, pero también para construir historias. Considero que el secreto de este género, es tener una oportunidad para crear historias, mover personajes, tomando como punto de partida el factor misterio, la búsqueda, la investigación, el secreto. Es un género amplio donde hay escritores fantásticos y otros de menor calidad, la diferencia la hace la capacidad de construir y la calidad de la escritura, eso es muy importante.

– ¿Existe Paolo Varonese, es un personaje más o es Silvio Mignano en la piel de un detective?

– No totalmente, posiblemente sí en algunos rasgos; tampoco tengo consciencia que sean tales. Otros aspectos míos están sembrados en distintos personajes, incluso en los femeninos, como Valentina posee el alter ego y contiene algunos rasgos de mi personalidad, o los escondo en personajes que pueden parecer secundarios.

– ¿Quién o qué le sembró la semilla de la ficción en la pluma y en la vida a Silvio Mignano?

– Puede ser mi padre que es escritor y que también vivía circundado de libros. No éramos ricos, éramos una familia normal muy normal, pero la única cosa de la cual teníamos bastante abundancia en la casa, desde mi infancia era de libros.

– En el proceso de creación frente a una página en blanco, ¿Cómo se renueva?

– Esto es complejo, por supuesto hay casi siempre en la narrativa una idea inicial y una estructura casi gráfica que uno sigue para tener una línea de dirección, nunca hay que hacerlo sin proyecto claro, porque si no uno pierde tiempo y dirección. Sin embargo, continuamente frente a la página en blanco surgen ideas, o desvíos que inicialmente no tenía en cuenta, a veces casi son mágicos, personajes que te revelan y te llevan donde inicialmente no habías pensado ir.

Poesía visual

Los poemas son la excusa y el refugio, para Silvio Mignano. Es ese camino andado y por recorrer, que siempre lo aguarda hasta el anochecer o hasta el amanecer, no importa, la esencia es la misma.

– En cuanto a sus poemarios: Libreta negra para el viaje (2008), No tenemos un guionista de repuesto (2009) y Nuestra rebelde buena educación /2011), deja ver su lado interior. ¿Es una necesidad como autor quedar al descubierto?

– No sé si es una necesidad, es difícil decirlo. No es un objetivo principal, pero en mi caso posiblemente es así.

– Benjamín Chávez en el prólogo de No tenemos un guionista de repuesto dice: Que es la anunciación de un viaje es algo ya dicho y a la vez sin guionista y con la moviola descompuesta. ¿Qué tiene que decir al respecto?

– Sí porque en mi caso, el origen de mis poemas son viajes. Probablemente depende de mi autobiografía, el hecho de que por razones de trabajo viajo mucho, me muevo en el espacio. En oportunidades, se me ocurre reflexionar sobre la evolución que tiene uno mismo, moviéndose en el espacio y en el tiempo. Más que un interés geográfico, o de descripción de realidad, que no tiene que ver con la poesía, sino con otro tipo de literatura, en este caso son más impresiones que tienen que ver con la centralidad de la persona que escribe y cómo cambia o recibe modificaciones con la experiencia que vive día a día.

– Y la moviola descompuesta, ¿Se puede componer?

– No sé si se logra recomponerla, quizás es parte del destino del hombre contemporáneo de tener mucha más dificultad de encontrar una unidad definitiva. Es posible que una de las características del hombre contemporáneo sea vivir fraccionado en el espacio y en el tiempo, un poco cubista entendiéndolo como lo interpretó Picasso. Comprender como la modernidad nos ha llevado a escribir la realidad en el mismo momento fraccionada, en posibles perspectivas distintas.

– ¿En No tenemos un guionista de repuesto es Silvio Mignano ese director que nos recuerda las escenas que quedaron mal editadas o las que necesitan una banda sonora más armónica?

– Eso es otra reflexión que más adelante hago, cada uno de nosotros tiene una vida a su disposición pero en el mundo interior hay siempre el deseo inconsciente de poseer otras, que no se tendrán nunca, o que hay que esperar que lleguen. Es como si estuviera siempre preparando un guión para posibilidades y alternativas, que no siempre al final se realizan.

– La crítica en Bolivia lo cataloga como discípulo de Horacio, por ser su poesía visual. ¿Está usted de acuerdo con esta familiarización?

– Es posible, la literatura clásica latina para los italianos es fundamental y Horacio es uno de mis favoritos. Sobre la poesía visual es probable que algo no voluntario e inconsciente esté, yo siempre he dibujado y pintado, puede que mi atención en la literatura nazca de la observación visual y de la realidad, y esto último, entra incluso contra mi voluntad en la escritura.

– Cada uno de sus libros entre novelas, poemas y cuentos han sido escritos en lugares diferentes tanto de Italia como del mundo. ¿Ha servido la geografía y la cultura de esos lugares como musa e inspiración?

– Sí, un poco porque es algo que entra dentro de mí. Los últimos dos libros, uno está ambientando en mi ciudad de infancia que es Gaeta (Italia), y el otro en Basilea (Suiza), donde también viví algunos años. Lo que si me he dado cuenta, lo puedo decir hoy después de tanto tiempo, es que escribo sobre un lugar después de algunos años de distancia, cuando ya me he alejado. Entonces más que describir la realidad que estoy viviendo y experimentando en ese mismo momento, me refiero a la que ha quedado en mi memoria, quizás incluso con un sentido de nostalgia, de haber perdido algo cuando me alejo de ciertos lugares.

OLYMPUS DIGITAL CAMERA

Musa y vida

Las palabras van y vienen en la vida de Mignano. Algunas en forma de compromiso, por sus labores diplomáticas, otras más libres, con alas propias que vuelan y caen quedando ancladas en páginas, en memoria y sentimiento. Sin objetivo preestablecido, pero si con la belleza de la prosa que encuentra su espacio y tiempo perfecto.

–  Se escribe para entender la vida

–  Creo que no, por lo menos en mi caso no hay un objetivo definido antes de sentarse a escribir, al final puede que sea así, pero no hay un objetivo declarado, para escribir.

– ¿La belleza se ha dejado cautivar en los textos de Silvio Mignano, está presente?

– Si absolutamente, creo mucho en la parte estética que por supuesto no es una visión superficial, no es que los personajes deban ser todos bellos y lindos. Pero la belleza como algo un poco más complejo, que seguramente es propio de los italianos, para nosotros es muy importante buscar la parte estética de la vida en un sentido muy profundo, nada superficial. Es como si estuviésemos conscientes del desorden visual del mundo y buscamos siempre una armonía que a veces no se logra alcanzar, pero es parte de nuestra estética que en oportunidades se convierte en ética.

– ¿Y la alegría?

– Sí, como uno de los sentimientos propios del ser humano. Es una condición que no puede estar siempre presente en la vida. Es algo de raíces latinas clásica, las personas buscan la felicidad, el cumplimiento de sus deseos, que en oportunidades se obtienen y en otras no.

– ¿La vida es la musa para su literatura o su literatura es la musa para su vida?

– En los últimos años más el primero, tuve una evolución en mi escritura con la atención mucho más fuerte en la vida concreta y real.

La literatura es importantísima, pero es algo que no debe nunca dominar nuestras vidas, lo digo yo que amo la literatura, leo todos los días, vivo circundado de libros que son fundamentales para mí. Pero a pesar de esto me doy cuenta que al final lo que gana siempre es la vida real de las personas y nunca se debe dejar a un lado, siempre debe estar presente.

La tentación en papel

Puede estar sin escribir, pero sin hacer dibujos no. Es un hábito, que a diario lo pone en práctica. La ilustración como reflejo del día a día, de lo cotidiano. Del café que acompaña al lápiz y viceversa. De las tazas con olor a recuerdo y del grafito, siempre afilado para despuntar la imagen.

– Pasando a su rol como ilustrador, realizó dibujos para adolescentes en El regalo del rinoceronte. ¿Con qué lenguaje tanto escrito como gráfico se acerca a este público?

– Utilicé un sistema personal, que no necesariamente es el único. Tenía la experiencia y en mi memoria los momentos de mi vida africana, utilicé los animales como elemento, no humanizándolos como la fábula clásica. Quise que mantuvieran sus características, pero que a la vez se mezclaran casi de manera surrealista con la vida humana.

– En su red social Facebook, publica a diario o con mucha regularidad ilustraciones. Dos objetos persisten en ellas: el lápiz y el café. ¿Qué connotación tienen para Silvio Mignano estos elementos?

– Debo decir que son elementos cotidianos, tomo café todas las mañanas, el lápiz es un objeto fundamental. Casi más que la escritura yo no puedo estar sin hacer dibujitos, pero a la final la combinación es casi casual. Se convirtió en un juego en el sentido de tener dos puntos de referencia. Un poco como dije antes, que para la escritura uno debe tener un proyecto inicial, luego hay desvíos. Lo mismo en este caso, hay dos cosas que yo me impongo, nadie me lo impone, de respetar la tacita y el elemento horizontal del lápiz, que siempre es horizontal. Es un desafío conmigo mismo, vamos a ver qué podemos inventar hoy para juntar estos dos elementos gráficos. Muchas veces, el 90% no hay significado, ni mensaje ideológico, muchas veces la gente lee mensajes y significados que no existen, es simplemente un juego.

– Pero es que llama la atención, porque a veces en las tazas hay capuchino o hay expreso…

– Eso era un secreto. No lo tenía que decir, pero finalmente lo diré… cuando hay capuchino es porque estoy en Italia.

– ¿Qué es una hoja de papel?

– Es una tentación, algo debo hacer con esa hoja.

Somos ciudadanos del mundo

Aún intentándolo, no se puede desprender del todo de su investidura como Embajador de Italia en Venezuela. Es un diplomático con una carrera intachable, que trata sobre todo de ser una persona al servicio de la comunidad italiana. De poemas y trazos, vuelve su mirada a la realidad de estos países que lo unen, y de situaciones que nos tocan como ciudadanos de un mundo global. De esas circunstancias que pueden hacer cambiar a un individuo, a su núcleo familiar, a la sociedad que lo representa, habla desde su sinceridad. Aquí las impresiones y la visión del doctor Silvio Mignano, como embajador sí, pero también como persona capaz de aportar desde la opinión franca y abierta, su visión y compromiso indeleble.

– Antes la emigración era de Italia a Venezuela, ahora es a la inversa. ¿Cómo ve este proceso y si hay cifras de los italo-venezolanos que se han ido?

– No tenemos cifras, porque al final muchas veces no es una migración definitiva. Van para Italia durante muchos meses, dejan aquí en Venezuela un vínculo, no siempre se registran. La impresión es que hay una deducción factual difícil de calcular.

– La migración es un proceso muy duro, es como un luto. Si le tocara dar alguna recomendación al respecto ¿Cuál sería?

– Es muy difícil dar una sugerencia así, también por delicadeza uno se da cuenta que es muy dramático y cualquier opinión puede parecer una falta de respeto. Pensar que en los momentos más difíciles, la nostalgia es un factor de enriquecimiento interior y el recuerdo incluso más doloroso dentro de nosotros puede producir algo positivo. Pero me doy cuenta lo difícil que es para quien recibe estas palabras, interiorizarlas.

– La esperanza para ambas naciones como una tabla de salvación, ¿Es una utopía o sí podemos creer en cambios positivos que nos reconcilien y nos hagan pensar en un futuro mejor?

– Sería un discurso larguísimo, pero yo puedo decir que sigo siendo optimista, creo en la evolución de la historia, de la humanidad. El hecho de que hoy obtenemos más información que en el pasado es bueno. Tenemos la tendencia de olvidar las tragedias que han ocurrido en años anteriores. Cuando añoramos épocas pasadas nos gustaría vivir en esos años, poseemos siempre esa visión distorsionada, pensando que estos tiempos antiguos era sólo belleza porque lo que conocemos de esa época son obras de arte, monumentos y nos olvidamos como era de dura la vida en siglos pasados. Sigue siendo difícil, sigue habiendo tragedias injustas y tenemos que trabajar juntos para evitarlas, pero no obstante yo creo que el mundo progrese y no vuelva atrás.

– La solidaridad es una palabra que debe estar presente en la agenda de los políticos y de los diplomáticos

– Sí es fundamental. Giacomo Leopardi escribió un poema maravilloso que se llama La ginestra o La retama, en el cual expresa que los hombres deben juntarse, unirse. No lo dice él de esta forma, pero eso lo podemos definir como solidaridad.

– ¿Cómo disolver los muros fronterizos?

– Bueno nosotros los italianos creemos en la ausencia de los muros, también en la Unión Europea. Por supuesto el tema de la migración es muy serio, no se puede resolver con facilidad. Pero la política italiana no es favorable a los muros, sino a una comprensión de los fenómenos, luego a sentarse juntos para enfrentarlos también con racionalidad. Pero la primera propuesta no puede ser la de los muros.

– ¿La paz es el valor necesario para encontrarnos en el amor universal?

– Sí fundamentalmente sí, la paz es absolutamente imprescindible.

– Somos ciudadanos del mundo, si a usted hoy le dijeran que debe escoger una música o canción para abrazarnos como hermanos, ¿Cuál elegiría?

– Es tan difícil, hay tanta música que se me puede ocurrir en ese momento. Quizás una buena música italiana, de finales de 1700-1800. Colocaría un corelli (coro). Pondría una música que no fuera directamente percibida como mensaje, pero que al final nos uniera a todos, con la belleza de la música que es un vehículo también ético.

– ¿Con qué frase definiría Silvio Mignano su vida?

– Esta es la pregunta sin duda más difícil. Probablemente un viaje con la curiosidad de descubrir hacia dónde va, sin saber dónde estaré.

entrevista-06

En el centro de Barquisimeto

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Decir voy a salir un rato en Barquisimeto, se puede convertir en un episodio lleno de emociones e impregnado de instantes con sabor a reflexión. Cada esquina de la ciudad salpica una anécdota, que sin duda alguna se convierte en un sello indeleble guardado en eso que llamamos memoria.

Esta mañana atravesé la Plaza Bolívar de mi ciudad, como tantas veces. Pero como nunca antes sentí un olor a limón, alcé mi mirada buscando un limonero y no lo encontré, pero el aroma continuaba, me arropó, me sumergió en el más cálido de los abrazos, pues entre ramas, brisa y destellos de luz, pude parar mi agenda por unos segundos. Ya no estaba apurada, mi rostro agradecía la caricia del viento y mis ojos se llenaban de ese cielo clarito de Barquisimeto.

Volteé mi mirada hacia la estatua de Simón Bolívar, seguía allí, imponente y tranquila, la piedra tallada ya no me parecía tan dura y tan fría, más bien reflejaba a ese hombre que es sinónimo de libertad, por su apodo, por su lucha y su obra. Mis pasos se perdían entre los cuadrados dibujados en el piso, hasta que culminé el recorrido por la plaza.

Me encontré a Argenis, sí al que todos conocemos como el “Loco de la Pancarta”. Quise saludarlo y compartimos unas palabras. “Tengo 25 años en esta lucha, los cumplo en noviembre. Es mucho tiempo con una protesta pacífica y no violenta. Me da mucha tristeza que ninguna de las autoridades haya podido entender mi clamor sobre los psiquiátricos, que no hayan hecho nada. Yo me pude escapar, pero los que se quedan dentro de estas instituciones de salud, la pasan mal. Me otorgan condecoraciones y premios, con eso no se resuelve nada. Creen que aumentando mi ego, puede callar mi conciencia”, lo manifiesta quien se cataloga como loco e indigente, pero que realmente es un héroe anónimo, un quijote sin molinos, pero si con mucho camino y con los ojos llenos de sinceridad.

Fui a la casa de Eustoquio Gómez, sede de la Corporación de Turismo de Barquisimeto (Cortubar). Entre una diligencia y un pasillo, me topé con unos señores esperando el turno para que le cortaran el cabello. Y mientras tanto, el barbero cantaba, rodeado de músicos, arpa, cuatro, objetos antiguos y muchas ganas de compartir. Un señor se me acercó para decirme que lo grabara, ya era tarde, tenía rato haciéndolo, estaba cautivada por el instante mágico que me devolvía al pasado y me recordaba el oficio que ejerció mi padre durante años y con el cual pudo sostener a una familia.

El sol indicaba que estábamos próximos al mediodía, el hambre también. Me compré un tostón, si de los de bolsita transparente. No llevaba la cuarta parte, cuando un joven me pidió uno. Tomé uno y le di lo que quedaba en la bolsa, recordando la frase de San Francisco de Asís: Es mejor dar que recibir. La cara de sorpresa y alegría, fue la mejor respuesta que pude obtener.

Unos señores jugando ajedrez, bajo la supervisión de Salvador Garmendia en la plaza de “Los libreros” y otros contando el dinero de la pensión, me recordó que la cotidianidad la hace cada uno, con sus propias tildes, sus puntos y comas, donde mejor las quieran ubicar.

Ya en el transporte público, pensé que se acabarían los episodios, pero estaba equivocada a Dios gracias. Un muchacho sube al autobús y cuatro en mano, comienza a cantar y a tocar. El que estaba a mi lado le dice, entregándole dos billetes de 50 en sus manos: “bro, síguele echando bolas”. No sé qué cara puse, pero quien compartía un pequeño viaje conmigo me dijo: “soy músico y reconozco cuando alguien toca y canta bien, de verdad que me gustó su interpretación”.

Es más que un gesto económico, se trata de uno envuelto en cariño y solidaridad con el desconocido, en un país tan necesitado de esas muestras de afecto y tolerancia mutua.

Recorrer Barquisimeto, es exactamente eso, encontrarse con sus espacios, con personas, caras, gestos, gritos, canto y expresiones, todas auténticas y genuinas, diferentes pero no por eso altisonantes, más bien cónsonas a una ciudad que va al ritmo de quien la camina y la descubre día a día.

Posdata: El vídeo no es profesional, sólo es una mirada a un espacio y personaje de la ciudad.

We Are Pirates | The BBRBF Book Club — TheEyreEffect

Much like my day, this book was a disaster. But I’m getting ahead of myself. In this sixth (?) installation of the BBRBF book club, don’t forget to read the reviews of Sara, Noelle, Lyndsey, Helene, and Katherine! Helene chose this month, although she had also suggested The Girl On the Train, but due to…

a través de We Are Pirates | The BBRBF Book Club — TheEyreEffect

Las Olimpiadas: El sueño de Venezuela en el podio

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Fotos: Cortesía VTV

Era agosto de 1984 y mi papá nos reunió a todos frente al televisor. Estaba pequeña y no comprendía muy bien lo que ocurría, pero sabía que se trataba de algo bueno. Una especie de emoción invadía el ambiente y hasta complicidad. En la pantalla había cinco aros de colores diferentes, escuché un silbato y entendí que era una competencia.

Mi padre me hizo un gesto con los dedos y yo apuradita los crucé y me contagié de la energía bonita de ese momento.

Las Olimpiadas de Los Ángeles (1984) se celebraban en esa oportunidad. La palabra olimpiadas no era extraña para mí, a esa corta edad la asociaba con un osito y el nombre de la gimnasta Nadia Comăneci (por Moscú 1980).

Pero en estas competencias, que ahora aguardábamos había algo más que el respeto y la admiración por una gimnasta rumana. Los competidores saltaron, pero esta vez no desde una alfombra o potro, sino que se fueron directo el agua. Y el nombre por quienes todos estábamos reunidos y apostando era más sencillo de pronunciar y recordar: Rafael Vidal, nuestro Rafael Vidal.

Ese día el nadador consiguió Medalla de Bronce en estilo Mariposa. Y entendí toda la conmoción cuando en la pantalla salió el tricolor nacional, el mismo que desde pequeña llevaba en mis cuadernos, el que aprendí a colorear con creyones de cera o de madera, el que encontraba en el cole, pero además en ese caso venía dibujado entre gritos, aplausos y alegría con sabor a orgullo.

olimpiadas 01

Desde ese momento entendí que la cita en las Olimpiadas era cada cuatro años, y mi padre quien era italiano, me enseñó a que yo debía ligarla a mi equipo, a mis atletas, a quienes me representaban en otra nación, es decir, debía soñar con Venezuela en el podio. Más que un deber, se trata del sentir nacionalista que nos une.

Han transcurrido 32 años desde esa anécdota, pero el sentimiento está intacto en mí. En las otras olimpiadas, siempre crucé y aún cruzo los dedos y se me iluminan los ojos, cuando otro venezolano asiste a estas competencias.

Con mi tocaya: Adriana Carmona, me confundí ya que no entendía que el taekwondo para Barcelona 1992 era deporte de exhibición, y tanto ella como Arlindo Gouveia, recibían Medalla de Bronce y de Oro respectivamente, en una especie de sí, pero no. La alegría estaba como trancada, igual celebré.

Me la desquité completica con la misma Adriana Carmona, que en 2004 se alzó con la presea de Bronce en Atenas.

En 2008 lloré porque además de venezolana, se trataba de una guara, de Cabudare para ser más exactos, Dalia Contreras conseguía con la humildad que la caracteriza, una alegría color bronce para el país. Recuerdo que los colegas de Deportes, se trasladaron a la casa de esta muchacha a compartir el triunfo con sus familiares.

Para Londres 2012 ya llevaba cinco años trabajando en El Impulso y fue una tarde de Olimpiadas, cuando todos nos ‘encochinamos’ (nos atrasamos en las labores). Sin importar la fuente, todos absolutamente todos estábamos de pie. Nadie redactaba una letra. Los televisores de los distintos pasillos, estaban sintonizados en el mismo canal. Era el momento histórico en el que nuestro zorro, Rubén Limardo conseguía con su espada la Medalla de Oro para Venezuela. Luego del silencio aterrador, la alegría fue infinita, se desbordaba, una vez más nos abrazamos y esta vez con el Gloria al Bravo Pueblo de fondo, para sentir el corazón más apuraito que de costumbre.

olimpiadas 02

 

Aún no han culminado las Olimpiadas en Río 2016, todavía faltan jornadas deportivas por disfrutar. Pero las lágrimas a mí me han sorprendido en más de una oportunidad. Ver a la pesista Naryury Pérez no poder concluir su intento, observarla en el piso, era sentir lo áspero de esa alfombra en mi propia espalda. Y más adelante detallar el triunfo, de su compañera la también pesista Yaniuska Espinosa, quien además consiguió el primer lugar en el Grupo B de su categoría, eso contrastaba completamente toda emoción sentida.

La imagen de oro, para todos los venezolanos en estas Olimpiadas, fue la de Yaniuska abrazando a Naryury, ofreciéndole palabras de aliento, levantándola desde el ánimo y el compañerismo. Ese retrato, se debe repetir en nuestra cotidianidad, la nobleza del criollo, tiene que demostrarse con la misma gallardía de ambas pesistas.

Por supuesto, que al ver a Yulimar Rojas ganarse la Medalla de Plata, pues también ocasiona alegría y orgullo. En tres saltos se puede conseguir la victoria, fueron tres saltos los que nos hicieron soñar nuevamente con el podio y así fue, una vez más la bandera venezolana se izó en lo más alto, para movernos la fibra nacional.

Insisto, aún faltan días de competencias. Yo seguiré cruzando mis dedos, por Stefanny Hernández, Yoel Finol, por ellos y por todos los atletas de mi país,  en esta y en todas las Olimpiadas que veré.

Continuaré apostando por quienes como yo, se llaman venezolanos. El tricolor es uno, el país también, ellos nuestros embajadores deportivos. Que viva Venezuela en el deporte y en la esperanza de estos héroes que nos regalan sonrisas y lágrimas de sueño, de vernos retratados en la nación donde unidos y abrazados, apostando todos por el mismo logro, somos más.

olimpiadas 03

Posdata: Acá les dejo el enlace del vídeo en el que Rafael Vidal conseguía el Bronce para Venezuela:https://youtu.be/6HTu5ZNnaoQ

 

El maestro Alirio Díaz partió a la inmortalidad

La noticia enluta a todo el pueblo venezolano, pues Alirio Díaz se convirtió en el mejor embajador musical de este país. Su legado lo mantendrá vivo, fue y es el maestro de maestros

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Fotografía: Cortesía  Brigitte Zaczek

 

13718724_10208040600745130_4172271244508406480_n

Sus dedos eran largos y se paseaban por el traste y las cuerdas de la guitarra, una y otra vez. Era exactamente eso, un paseo, un deleite, una pasión. La música lo acurrucó, desde pequeño, desde su Canducha natal (La Candelaria) y nunca más pudo existir una separación entre ellos. La guitarra se convirtió en cómplice y amante, de las horas
más dulces, más fructíferas, más anheladas, eternas porque cuando un amor es verdadero,
siempre es eterno.
El 5 de julio de 2016, el pueblo venezolano se enlutó, por la ausencia física del maestro
Alirio Díaz, quien a sus 92 años nos dijo adiós. La guitarra larense pierde a uno de los más
emblemáticos representantes de la música, dentro y fuera del país.
El maestro Alirio Díaz partió a la inmortalidad, su legado sigue intacto, se percibe en
cada alumno, en cada discípulo que pudo seguir sus pasos.
Emprendió el vuelo más alto, para recordarnos que si vemos hacia el cielo, allí estará él en una estrella, susurrando, contando, cantando, tocando y brillando… Siendo luz para los cardones y tunas de Carora, para las calles empedradas, las casas que se quedaron intactas en el tiempo, los rincones y pasadizos de viviendas que sintieron sus pasos, sus rasgueos, su amor por esa tierra.
Alirio Díaz decidió encontrarse con Don Chío, quien lo adoptó y guió en sus primeros
pasos académicos, abrazar a su maestro Laudelino Mejías, quien le enseñó solfeo, armonía
y a tocar el saxofón; reunirse con sus mentores musicales: Vicente Emilio Sojo y Raúl Borges; con Regino Sainz de la Maza y Andrés Segovia sus maestros de guitarra en Madrid y en Siena, e incluso volverá a tocar la música venezolana con su coterráneo Rodrigo Riera.
Italia se convirtió en su segunda tierra, allí encontró el amor hecho mujer (Consolina Risi), la pedagogía, como forma de vida, como multiplicador de saberes y de aprendizaje, la docencia en la Academia Chigiana de Siena fue para Alirio Díaz, la forma de cosechar y sembrar por todo el mundo la pasión por la guitarra.
En Siena, la ciudad donde la lengua italiana nació, una de sus calles lleva el nombre del
guitarrista larense, como un reconocimiento a este promotor cultural de cuerdas y caja.
El mundo lo aplaudió de pie, cuando decidió emprender su carrera como concertista.
Nadie se pudo contener ante este trovador e insigne guitarrista. Reyes, reinas, presidentes,
embajadores, todos reconocieron su virtuosismo, es por ello que en su hoja de vida desfilan diferentes reconocimientos, entre ellos: Ciudadano Ilustre del Mundo (Londres); Comendador (Italia), y el premio Gabriela Mistral de la Organización de Estados Americanos (OEA), entre muchos otros.
Desde el miércoles 13 de julio llegó a Carora, tanto la ciudad como el Teatro Alirio Díaz
se convirtieron en una serenata permanente, para brindar un homenaje a este ilustre
venezolano.
Los pájaros deben estar afinando su canto, para la despedida de uno de los más
grandes hijos de Torres, su legado y su obra continuarán vivos entre nosotros, en cada plaza, en cada teatro, en cada ciudad de Venezuela, sonarán las cuerdas en melodías infinitas dedicadas al maestro: Alirio Díaz.

 

Alirio Díaz, un trovador de cuerdas

Las melodías salen y poco a poco hechizan a quien las escucha. La sensación de hipnosis, ante la magistral interpretación que realiza el virtuoso de la guitarra larense, Alirio Díaz embarga el alma a más de uno. 85 años de vida y 66 dedicándoselo al arte del rasgueo, lo han convertido en el mejor guitarrista de Venezuela y el mundo. Conózcalo

Adriana Ciccaglione adrianaciccaglione@gmail.com @adricicca

Fotos: Cortesia Fundación Alirio Díaz

Trabajo publicado en: Revista Sala de Espera

foto alirio díaz

Dos horas separan el camino de Barquisimeto a Carora. En el trayecto, los rayos del sol se van intensificando, hasta cubrir los pasos a propios y visitantes. Zona desértica y xerófila, rociada de gracia y armonía, entre la poca brisa y su suelo ardiente. Al llegar a la hermosa ciudad colonial, sus pisos empedrados, las  casas con techos rojos, su antigua Catedral y construcciones que se niegan a modernizar, van indicando el camino que conduce al equipo reporteril de Sala de Espera al encuentro con el virtuoso de la guitarra, el maestro Alirio Díaz.

En la Fundación que lleva el mismo nombre que el artista larense, esperaba ansioso el guitarrista, con ganas de platicar, escuchar, cantar, pero sobre todo tocar, tocar sin parar, hasta demostrar por qué es considerado el mejor en Venezuela y el mundo.

A sus 85 años de edad, su ánimo y buen humor, son sus acompañantes favoritos. La picardía que brota de sus ojos, descubre el interés que aún despierta en los periodistas. Una sonrisa es la mejor carta de presentación. Mientras se acomoda su corbata de seda rosada, combinado con un pantalón gris y un saco azul, nos recibe con un cordial saludo.

El sombrero es parte de su atuendo, que siempre lleva, al igual que su inseparable compañera, amiga, novia, amante, esposa y cómplice, la guitarra.

 

Entre rasgueos y acordes

Los largos dedos de Alirio Díaz, suben y bajan como pinceladas en el lienzo. Las notas musicales también salen con matices multicolores, como si se conjugara todo el arte en una sola obra. Algunas melodías son intensas y cálidas, como el amarillo del sol que a través de sus rayos se posa en la ventana de la casona, donde se encuentra el guitarrista.  Otras, en cambio, son tenues, dulces, como el susurro que arroja un avispón a la flor.

Todo depende de la pasión que le imprime Díaz a la interpretación. “Tocar es un arte y yo lo siento no sólo en mis manos, en los dedos, que muchos catalogan como prodigiosos. Para sacar de la guitarra esa alma que ella posee, necesito tener todo mi espíritu, concentración y empeño. Y es mutuo, yo le doy todo mi ser y ella me responde, es como una entrega de amor”, explica el maestro, mientras sostiene su guitarra.

¿Cuándo empezó ese idilio de amor con la música y la guitarra?

– Yo nací en La Candelaria, un pueblito que está ubicado a 30 kilómetros de Carora. Mi papá que era muy regañón y estricto, pues éramos once hermanos, tres hembras y ocho varones, él en medio de su rudeza, me enseñó a tocar cuatro. Era muy bueno en la música. Pero, como no todo es color de rosa, mi padre a quien amaba, lo que quería era que yo trabajara en el campo, cosechando, sembrando, trasladando la paja. Y yo me dije para mí, ‘¿quién yo?, que va, yo aquí no me quedo’ (risas).

¿Qué hizo para zafarse de ese compromiso?

– Me escapé de la casa, en una madrugada. Ya había planificado todo, tenía algunos folletos, calendarios, libros que llevaban los comerciantes a los pueblos, para mí eso era un tesoro. Ordene todo, lo metí en una caja y me fui a Carora, en ese tiempo viajaba constantemente para allá, le hacía diligencias a mi papá. La ciudad me llamaba la atención, porque se respiraba cultura, llegaban periódicos, se hablaban distintas lenguas, y, yo lo que buscaba era eso, educación. Quería culminar mis estudios primarios y sacar el bachillerato. Caminé por más de seis horas y sin un medio en el bolsillo, hasta llegar a la ciudad.

¿Quién le tendió la mano en esos momentos?

– Tenía un hermano que vivía en Carora. Pero gracias a Dios, conocí a Don Cecilio ‘Chío’ Zubillaga, él supo de mis intenciones musicales, sabía la vocación que sentía y los sueños que había traído. Ofrecía serenatas en su casa, me escuchaba y le gustaba como tocaba. Él fue un padre para mí. Me ayudó, escribió una carta de recomendación, al poeta Luís Beltrán Guerrero, quien trabajaba en el periódico Presente en Trujillo.

Allí me recibió Beltrán y me presentó con Laudelino Mejías, quien fue mi maestro en solfeo, armonía y me enseñó a tocar saxofón. Ahí empezó mi camino musical.

 

foto alirio

Afinación al éxito
Después de vivir y estudiar en Trujillo que fue su cuna de inspiración, la vena artística le pedía a Alirio Díaz, seguir buscando y descubriendo métodos y enseñanzas, para perfeccionar su destino.
Con una buena base y formación, en 1945 se va a Caracas, donde continuaría forjándose como músico. Sus maestros son Vicente Emilio Sojo y Raúl Borges. Díaz tenía 22 años, en aquel entonces.
“Llegué a Caracas y estudié en la Escuela Superior de Música, mí profesor de guitarra era Raúl Borges, en ese momento me enamoré del instrumento. Allí estuve durante cinco años. Sojo y Borges, se empeñan en que debo seguir estudiando guitarra a un nivel más avanzado. Me consiguieron una beca del Ministerio de Educación y me fui a Europa”, relata Díaz.
¿Se fue a Europa?
– ¡Por supuesto! (exclama apresurado), como iba a desaprovechar la oportunidad. España me abre las puertas en 1950. Uno de los mejores guitarristas y compositores de aquel entonces, Regino Sainz de la Maza, era quien me impartía las lecciones en el Real Conservatorio de Madrid. Obtuve excelentes calificaciones, me otorgaron reconocimientos por ello, además de permitir que hiciera presentaciones como concertista.

Y después… ¿qué destino lo esperaría?
– Me enteré que Andrés Segovia, un guitarrista que daba lecciones en Italia. Duré un año nada más en España, al enterarme de esta noticia tomé un tren y me fui. Conocí la ciudad más hermosa de todo el mundo, Siena. Estuve en la Academia Chigiana, allí recibía clases.
Yo llevaba una técnica, una preparación y el entusiasmo. Solamente éramos cinco en el taller del maestro Segovia. La guitarra atravesaba un mal momento en Europa, había desencanto y desilusión, eran los tiempos de la posguerra.
Corría el año de 1951, y aunque era el mayor en la clase, mi empeño y sacrificio me sirvió, para que tres años después fuera el asistente y sustituto de Segovia, quien en ese entonces, era el más grande guitarrista del mundo.
Descubrí mis capacidades y talento, comenzó mi carrera como concertista y después nunca más pude parar. He recorrido todo el mundo llevando la música venezolana, como embajador de mi país.
En Italia permanecí 15 años, por eso mi amor y cariño con una nación que me dio todo, incluyendo al amor. Mi esposa, amiga, compañera y madre de mis hijos, Consolina Risi, es de allá y yo también me considero un hijo adoptivo de ese país.

Genio musical
Desde ese momento, el maestro Alirio Díaz brilló en los escenarios más fabulosos del mundo. Su guitarra iba guiando los pasos del artista, quien recorrió todo el mundo. Australia, Japón, Inglaterra, son sólo algunos países que desfilan en la agenda de Díaz.
Ha sido aplaudido por varias generaciones, que se han maravillado al ver y escuchar el genio musical que lleva en su espíritu el guitarrista, y, hasta han tratado de imitar su particular estilo.
A otros no le bastan las palmas, y le han otorgado premios y condecoraciones, que encabezan una larga lista de reconocimientos.
“Me siento feliz. He dejado una obra, divulgué la música de Antonio Lauro, Vicente Emilio Sojo e Inocencio Carreño. Hoy en día los estudiantes de guitarra, tocan los ritmos populares venezolanos”, manifiesta orgulloso.
Concursos y festivales nacionales e internacionales, llevan su nombre, como un tributo a esa herencia musical, que hoy sigue dejando frutos en el mundo entero. Hasta en Youtube se puede visualizar videos del maestro Díaz, interpretando magistralmente canciones con su guitarra, mientras que Google arroja 74.800 resultados al que quiera investigar la vida del larense.
“Yo sé que la gente me admira y quiere. Trato de responderles ese cariño, de la única forma que aprendí, tocando guitarra. Yo la sujeto duro, y le digo al oído suavecito, ‘ya nos toca, pórtate bien’. A veces ella me responde, otras me regaña y me quedo pensativo… es entonces cuando entiendo, que esto de tocar guitarra es un acto de amor, pasión y entrega”, dice locamente seducido por su guitarra, el maestro Alirio Díaz.

Es la tercera vez que invaden espacios de la Iglesia Católica en Barquisimeto

En horas de la tarde del domingo 3 de julio, en el Seminario Divina Pastora se produjo un hecho irregular, más de 50 personas abrieron un boquete, para ocupar ilegalmente esta propiedad privada. Es la tercera vez que espacios de la Iglesia Católica han sido invadidas en Barquisimeto

os03.jpeg

El Seminario Divina Pastora fue fundado en 1974, tiene 42 años formando a los seminaristas, que se convierten en sacerdotes y guías del pueblo. Jóvenes provenientes de diversas ciudades, que sienten el llamado vocacional, acuden a este lugar, para recibir las enseñanzas requeridas. Es uno de los seminarios más emblemáticos del Centroccidente de Venezuela.

Pero el domingo 3 de julio, a las 4:30 de la tarde, más de 50 personas, entre niños, jóvenes, mujeres y hombres, comenzaron abrir un boquete en este espacio y luego querían cortar las plantaciones, “para hacer una limpieza del terreno”.

Así lo dio a conocer el padre Julio Zavarce, uno de los formadores del Seminario Divina Pastora, quien además comentó que con todo el respeto, intentaron conversar con los ocupantes e invasores, para explicarles la misión de este lugar, y no obtuvieron una respuesta favorable.

El seminario ayuda a la gente, forma a los futuros sacerdotes y de esta forma, la Iglesia acompaña a las personas en sus necesidades. Prestamos diversos servicios sociales y entendemos que en estos momentos, haya necesidades, por ello hacemos un llamado a las autoridades locales, regionales y nacionales, para que se atiendan estas solicitudes por parte del pueblo. Y al mismo tiempo solicitamos que se cumpla con el respeto a la propiedad privada”, expresó Zavarce.

La Guardia Nacional Bolivariana, intervino ante esta situación y las personas que intentaron ocupar este espacio, se retiraron a las 7:30 de la noche.

Es la tercera vez que invaden espacios que pertenecen a la Iglesia Católica en Barquisimeto. En abril de 2012 la primera ocupación ilegal fue en el terreno de la Renovación Carismática Católica, y hace dos meses la capilla Santa Teresa, frente al Pequeño Cottolengo también fue ocupado, ambos lugares ubicados en El Manzano.

Obispos de diferentes diócesis, se han pronunciado con este acontecimiento y se han hecho solidarios con los sacerdotes y seminaristas que viven en el Divina Pastora.

Adriana Ciccaglione