Una década sin ti…

Por: Adriana Ciccaglione

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Aquella noche del 12 de diciembre, jamás se me pasó por la mente que me quedaría sin un pedacito de mí. Mucho han dicho las madres, que nosotros los hijos formamos parte de ellas. A la inversa ocurre exactamente igual.

Estaba jugando, creo que dominó con unos amigos. Al llegar al apartamento te mostré las medicinas que te había comprado. Me dijiste: “Mami y para qué gastaste dinero en eso”. Es increíble, la gente sabe cuándo va a morir y te sueltan esas frases que al momento no puedes comprender.

Esa noche hablamos de todo, me diste consejos sobre amor y pareja. Me dijiste que estabas feliz, porque Tony había salido contigo y te había llevado del brazo, “almorzamos juntos”, añadiste y se te iluminaron los ojos.

Cuando tu corazón no pudo más, me pediste que llamara a mis hermanos. Lo demás es historia, la que está en los corazones de tus cuatro tesoros que dejaste.

El apartamento de la Vargas con 25 ese 12 de diciembre se impregnó de un olor a rosas, que nos aturdía de tristeza. Lo hubiese cambiado por lo que tanto extraño: Las caraotas, la carne mechada, la salsa roja de la pasta, los ñoquis, la avena. Jamás me imaginé que se pudiera echar de menos todos los sabores de la infancia y de la vida.

Me hace falta la bendición, la caricia, el regaño y la mirada de protesta. El gesto de desagravio cuando algo estaba realmente mal. La complicidad cuando te pedía que me guardaras un secreto.

Añoro limpiar el apartamento 4 y montar el árbol de Navidad, que desde lejos todos los que pasaban podían observar, pero que a ti te causaba alegría especial. Me daba alergia, me quejaba, colocaba música que repetía una y otra vez, pero el árbol se montaba. Nunca más las luces volvieron a titilar de la misma forma. Por estas fechas, esos ángeles hechos por ti eran parte de la decoración decembrina.

Me falta, me falta tanto. Preguntas, cosas que decirte y demostrarte.

En ese baúl de recuerdos, hay una fecha muy especial, el día de mi graduación como periodista. El acto se realizó en el Centro de Arte Lía Bermúdez de Maracaibo. Te tomé de la mano y atravesamos juntas el penetrable de Soto. Cuando terminamos te pregunté: Escuchaste. Me respondiste: es el día más feliz de mi vida.

Así será otra vez, atravesaremos los penetrables de Soto, escucharemos la música y seremos felices. De la mano, siempre de la mano juntas.

Mamá y si Dios me preguntara como quisiera que se llamara el ángel que cuidaría mi vida, le respondería sin dudar: Ana Teresa.

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Heredera de una tradición que se amasa: La arepa

“… y ya al sueño entregado viendo va mientras sueña que el cielo es un budare, la luna es una arepa y un gran plato de queso rallado, las estrellas, en tanto que las nubes evocan de tan tiernas, lambetazos de fina mantequilla danesa”.
Aquiles Nazoa, Nocturno del poeta y la arepa

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Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Ilustración: Cortesía Oscar Olivares

En mi búsqueda por sembrar la cultura venezolana, pensaba que este escrito lo debía comenzar por decir la etimología de la palabra arepa, sus orígenes, de dónde proviene y todo lo demás.

Pero resulta que he comprendido que algo tengo de los cumanagotos, así como de los gayones y los jiraharas. Por mis venas recorre esa sangre de aborígenes indígenas, pero lo demuestro cuando mis manos se bañan de agua y comienzan a darle forma a la harina para hacer la arepa.

Mis ancestros salen de inmediato, es como un encuentro que se repite cada mañana, al calor del budare, mientras la música que proviene de la radio ayuda a que la labor se haga con alegría,  y entre canto y canto, consigo el pan nuestro de todos los venezolanos.

Soy hija de Ana Teresa y nieta de Carmen, oriundas de Santa Teresa del Tuy, heredera de una tradición que se amasa y que se comparte. Desde pequeña observé como lo hacían, con la calidez del hogar, de la casa abierta, de los muchachos corriendo por los pasillos, mientras el fuego dibujaba figuras inexplicables en nuestros platos de comida.

Cada nueve de septiembre se celebra el Día Internacional de la Arepa. En esta lejanía de mi país, Venezuela, es esa comida la que me acerca a mi tierra. Ese sabor dentro de mi boca me devuelve a la nación que añoro y sueño, la que me dio vida, así como la hoguera de los cumanagotos calentó este alimento que es santo y seña para cada uno de los venezolanos.

Mis arepas son redonditas como las de la Abuela de Gualberto Ibarreto que no sabía de geometría, pero le quedaban perfectas, o las de la Negra Rosa de la Billo´s Caracas Boys. Se han convertido en sol, como las del poeta visual Oscar Olivares.

Pero es sobre todo, el relato de cada venezolano, el manjar predilecto, o como bien lo describe en su poema José Joaquín Burgos la arepa es: “una hostia consagrada por las manos benditas de la Virgen/ Al alba comienza la molienda el amasijo suavizado con agua oloroso a mastranto y a rezo, a súplica, a soledad vestida de violines/ La arepa es una hostia que en el budare quema hacia dentro del alma”.

¡Feliz Día de la Arepa!

Sólo con la caridad nos salvaremos…

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Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Tendría un poco más de 16 años, cuando por motivos estudiantiles nos dijeron que debíamos apoyar una causa de beneficencia. Nos acercamos al Hogar de Niños Impedidos (HONIM). Una pequeña casa ubicada en la Fundación Mendoza, con niños y adolescentes que ameritaban cuidados especiales por problemas físicos y psicomotores.
Nunca antes había sentido tan de cerca la mano y la mirada de Dios. Quedé cautivada y luego del llamado potazo, ya sin tanto bochinche propia del ímpetu juvenil, decidí trasladarme a esa casa donde se albergaba amor y necesidad.
Me fui metiendo, conociendo. Cada cuarto tenía a niños con condiciones y edades diferentes. En la cocina, Sarita, yo la llamaba cariñosamente Sara T y todas las personas que laboraban allí, tenían diversos desayunos y almuerzos, no todos comían lo mismo.
Cada día era una nueva experiencia y a la vez exigencia para mí. Llegaba más temprano, hacían falta manos. Un día comprendí que yo no daba nada, ellos me daban a mí un saco de bendiciones, con sus sonrisas y sus gestos. Mi mamá me preguntó qué hacía allí, porqué llegaba cansada pero feliz. Siempre fue inexplicable.
Yo llegué justo en el momento de la transición. El padre Ángel y el Gordo como llamaban cariñosamente a un seminarista, habían muerto en un accidente de carro y la institución había quedado huérfana de dirección. Estaba la hermana Juanita de las Misioneras de la Inmaculada Concepción, que me decía con jarra y vaso en mano: “Hay que darles aguita Adriana, aunque no nos pidan, hay que darles aguita”. En ese período, llegaron el padre Javier y el padre Isidro de la obra Don Orione, serían desde ese momento los encargados de llevar esta misión en Barquisimeto. Adoptaron también el Pequeño Cottolengo.
En Honim aprendí a cocinar, a tomar la temperatura, a correr con un muchacho en brazos, a cuidar enfermos, a cambiar pañales, a gritar cuando realmente es necesario, a reír y a llorar, porque cuando más te aferras a uno de ellos, es probable que Dios le dé un pasaje a la inmortalidad y mientras tanto tu corazón quede sin explicación. Me pasó con tantos y con una en especial: Zuleima, a quien le abrí las puertas de mi vida, mi hogar, mi familia.
Recuerdo el día que llegó Oriana. No se llamaba así. Pero era la primera niña que llevaban con la Obra Don Luis Orione y por eso lleva ese hermoso nombre. Era tremenda con todo y con todos, poco a poco su carácter fue cambiando, hoy es una de las que ayuda en este hermoso recinto.
Las verbenas se hacían allí. Llegaban voluntarios y personas de diversas colonias con comidas para vender, con música y alegría. La casa se fue transformando en la institución que hoy muchos conocen.
Durante cinco años me llené de ese ambiente lleno de amor y generosidad. Además del HONIM y el Pequeño Cottolengo, los padres tenían un seminario en la avenida Los Abogados. Pero los seminaristas no resistían, se iban y yo me ponía brava como si el asunto fuera conmigo. Un domingo sonó el teléfono en el HONIM, yo estaba pasando coleto y atendí. Era un joven que llamaba desde Coro para preguntar el teléfono y la dirección del seminario. Cómo se llama, le pregunté. Él respondió Henry Ventura. “Mire Henry le voy a decir algo, usted me dice que tiene vocación y yo le creo, pero aquí donde está llamando hay un montón de muchachitos con cuidados especiales y esa es la verdadera vocación que debe tener, el del servicio”. Cuando terminé mi retahíla, estaba el padre Isidro con brazos cruzados, el ceño fruncido y la peor cara que hubiese visto en mi vida. Para algo sirvió el sermón, Henry Ventura hoy es sacerdote, el primer orionista venezolano y un hombre de Dios que dedicó su vida a esta obra.
Se me hace difícil resumir todas las anécdotas. Las veces que llevamos a presentaciones teatrales a los niños, luego de arduos ensayos, pero ellos felices porque salían, compartían y además eran aplaudidos. Mis cumpleaños ya no eran míos, eran de Jairo, llevaba la torta pero por supuesto primero se le cantaba a él y luego a mí, fueron las mejores velas apagadas.
De las personas maravillosas que conocí, recuerdo al padre Fioravante Agostini, italiano. Me tocó prepararle una cena que no me quedó muy buena y plancharle unas camisas que tampoco quedaron lisitas. Pero él tan noble, siempre fue muy agradecido. Intercambiábamos cartas, sabía cuando lo cambiaban de centro, de Italia a España y viceversa. La última vez que lo vi fue en la estación de trenes en Termini, Roma en el año 2000. No podíamos creer que fuera posible encontrarnos y abrazarnos nuevamente. Me enteré de su muerte y pensé, hay otro ángel orionista en el cielo.
Él fue el encargado de enviarme una postal que decía: “Sólo con la caridad se salvará el mundo”, una frase de San Orione. Entendí que era cierto. Pero además la caridad nos salva a nosotros, de nuestros egoísmos y miserias, nos hace entender al otro, como el prójimo, como al más cercano.
Muchas otras veces pasé, ya no con la misma intensidad en tiempo y dedicación, pero con el cariño intacto, a compartir, para abrazar, para recorrer las miradas y los gestos que siguen dejando huella en mí ser.
Ya HONIM no es la casa pequeña, ni yo la jovencita que aprendía todos los días algo nuevo, pero el vínculo de familia siempre estará, sin importar los años y la distancia.
En estos días observé que en la página de Facebook del HONIM anunciaban su aniversario. Pues sólo me queda desearles feliz cumpleaños a través de estas líneas y de este montón de recuerdos que siempre llevaré en mi corazón, como el mejor período de mi vida. Gracias y que cumplan muchos más.

 

Besitos chimbos

 

besos

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Las redes sociales han sido una revolución en cuanto al acercamiento de las personas. No faltará quien objete tal afirmación y exprese que también sirve para lo contrario. Es poco importante. Lo que sí me interesa recalcar, es que el bendito whatsapp se ha convertido en una plataforma de enviar y recibir mensajes de cualquier tipo (escritos, audio, fotos o vídeos), todos validos sobre todo si de creatividad hablamos.
El otro día rechacé unos besos apasionados, que de más está decir es imposible que me los den porque el individuo en cuestión no está ni remotamente cerca. Mi respuesta fue: Acepto besitos chimbos.
Luego hoy, ya saturada de mi actividad formal decidí escribir y preguntar: ¿Qué son los besitos chimbos?, ¿Existen?, ¿Se puede medir o catalogar un beso?
Poetas y músicos han dedicado su prosa para intentar describir, lo que yo catalogaría como un encuentro de sentimientos, sin tocar el asunto amor.
Gabriela Mistral se adelantó a mi pregunta cuando yo aún no había nacido. Describe los besos como enigmáticos, sinceros, prohibidos o verdaderos. Incluso los tilda de sublimes, tibios y hasta los compara con azucenas.
Es decir, que la palabra chimba pudiera ser un adjetivo a un beso, sobre todo cuando las expectativas van más allá de una amistad, o cuando el deseo supera la lejanía a través de un dispositivo móvil.
Seguramente, si definiéramos el lugar corporal del beso, con eso nos podríamos aproximar a qué tipo de beso es. En la misma onda del whatsapp un individuo prometió besos donde nunca los hubiésemos recibido. Caramba, lo ponen a pensar a uno…
En fin que ni palabras ni filosofía, sirve para explicar esto, mientras tanto como la palabra chimba es venezolana y sólo nosotros sabemos a qué nos referimos con ello, yo finalizo esto como buena venezolana tarareando una canción de Yordano que me acompañó en este escrito y dice: “Un beso en la boca acabó con el juego, un beso en la boca selló la derrota, un beso en el alma llamó a la locura…”.

Silvio Mignano: “Mi vida es un viaje con la curiosidad”

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El Embajador de Italia en Venezuela, se desprende de su traje como diplomático y en un encuentro entre palabras y confesiones, muestra su lado más sensible, aquel que está relacionado con la literatura y la ilustración, de manera inexorable es su esencia lo que transmite en su propuesta artística

Texto y fotos: Adriana Ciccaglione/Prensa Cavenit Barquisimeto

Ilustración: Silvio Mignano

Mario Benedetti, reconocido y admirado en América Latina por su pluma y talento, dijo en una oportunidad que la poesía, “es el género de la sinceridad última e irreversible”. Él así lo expresaba tanto en la narrativa como en su obra poética. Pero esto es más que una frase, es la esencia de este género y al mismo tiempo un sacramento permanente de encuentro y reconciliación.

La sinceridad última e irreversible puede parecer simple, pero es sin duda alguna un reto, un espacio íntimo en el que el desahogo encuentra su cita. La propuesta poética de Silvio Mignano, se arriesga a tomar esta característica, en sus palabras se aprecia la honestidad de quien queda desnudo consigo mismo.

Él por su parte es un hombre sencillo, de mirada inquieta y detallista, pero tranquilo en su caminar y en su proceder. Su verbo también es pausado y preciso, no es mezquino con la sonrisa ni con la amabilidad, van de la mano.

Listo para un intercambio de preguntas y respuestas, advierte la hora en su muñeca y se prepara para un diálogo en el que, como en la poesía se vuelve a descubrir, esta vez para dejar ver al hombre tímido que se refugia en las letras y en los trazos, como el alfarero en el barro.

El arte de la ficción

La novela es un pasadizo secreto a otro país, como lo definió Amos Oz, a otras vidas y entornos que son ajenas y se convierte en una ventana que se abre y cierra, al compás de la lectura. Hacer este género literario, es una apuesta por describir y descubrir esos mundos ante los ojos de los demás.

– En su obra literaria navega por dos géneros diferentes: novela y poesía, además de los cuentos. ¿Con cuál de estos escritos puede expresar Silvio Mignano su mundo interior?, ¿Con cuál se siente más cómodo?

– Es difícil decirlo, por supuesto son dos mundos alternativos o complementarios, en el momento en que me encuentro dentro de uno, casi temporalmente olvido el otro.

Me puedo expresar en ambos de manera distinta, cuando escribo novela o narrativa en general, tengo más la posibilidad de esconderme en cierto sentido. Fracciono algunos aspectos de mi personalidad atribuyéndolo a personajes distintos, sembrándolo casi como un juego en la trama, dejando al lector la misión de descubrir cuáles rasgos de uno u otro personaje me pertenece o no. Mientras que en la poesía me desnudo, por lo menos en mi caso estoy más visible directamente, revelo mucho más mi interioridad.

– Desde Una lección sobre el amor (1999), pasando por Las puertas del infierno (2001), El cuento del mercader docibile y de la princesa siriara, hasta llegar a Pilar de los invisibles (2015), ¿Cómo cree o siente que ha sido su evolución como novelista?

– Considero que hay en la estructura una mayor capacidad de construcción, una mayor entre comillas profesionalidad. No es que en los primeros no fuera profesional, pero con el pasar de los años soy más consciente del material con el cual trabajo. Inicialmente era un ímpetu personal que me empujaba a escribir. Una característica es que mi primera novela, quería ubicarla en el sentido más alto de la literatura. Luego uno de los personajes que estaban presentes en la novela misma, un investigador se ha revelado a mi creación y ha buscado un papel más central. Desde entonces, los libros siguientes han tenido más que ver con la realidad concreta y material de cada uno de nosotros como seres humanos y eso ha enriquecido mucho mi escritura.

– Tanto en Una lección sobre el amor, como En las puertas del infierno, las historias se presentan en medio de investigaciones secretas, es una especie de thriller. ¿Cree en el suspenso como gancho para atrapar al lector?

– Sí para enganchar al lector, pero también para construir historias. Considero que el secreto de este género, es tener una oportunidad para crear historias, mover personajes, tomando como punto de partida el factor misterio, la búsqueda, la investigación, el secreto. Es un género amplio donde hay escritores fantásticos y otros de menor calidad, la diferencia la hace la capacidad de construir y la calidad de la escritura, eso es muy importante.

– ¿Existe Paolo Varonese, es un personaje más o es Silvio Mignano en la piel de un detective?

– No totalmente, posiblemente sí en algunos rasgos; tampoco tengo consciencia que sean tales. Otros aspectos míos están sembrados en distintos personajes, incluso en los femeninos, como Valentina posee el alter ego y contiene algunos rasgos de mi personalidad, o los escondo en personajes que pueden parecer secundarios.

– ¿Quién o qué le sembró la semilla de la ficción en la pluma y en la vida a Silvio Mignano?

– Puede ser mi padre que es escritor y que también vivía circundado de libros. No éramos ricos, éramos una familia normal muy normal, pero la única cosa de la cual teníamos bastante abundancia en la casa, desde mi infancia era de libros.

– En el proceso de creación frente a una página en blanco, ¿Cómo se renueva?

– Esto es complejo, por supuesto hay casi siempre en la narrativa una idea inicial y una estructura casi gráfica que uno sigue para tener una línea de dirección, nunca hay que hacerlo sin proyecto claro, porque si no uno pierde tiempo y dirección. Sin embargo, continuamente frente a la página en blanco surgen ideas, o desvíos que inicialmente no tenía en cuenta, a veces casi son mágicos, personajes que te revelan y te llevan donde inicialmente no habías pensado ir.

Poesía visual

Los poemas son la excusa y el refugio, para Silvio Mignano. Es ese camino andado y por recorrer, que siempre lo aguarda hasta el anochecer o hasta el amanecer, no importa, la esencia es la misma.

– En cuanto a sus poemarios: Libreta negra para el viaje (2008), No tenemos un guionista de repuesto (2009) y Nuestra rebelde buena educación /2011), deja ver su lado interior. ¿Es una necesidad como autor quedar al descubierto?

– No sé si es una necesidad, es difícil decirlo. No es un objetivo principal, pero en mi caso posiblemente es así.

– Benjamín Chávez en el prólogo de No tenemos un guionista de repuesto dice: Que es la anunciación de un viaje es algo ya dicho y a la vez sin guionista y con la moviola descompuesta. ¿Qué tiene que decir al respecto?

– Sí porque en mi caso, el origen de mis poemas son viajes. Probablemente depende de mi autobiografía, el hecho de que por razones de trabajo viajo mucho, me muevo en el espacio. En oportunidades, se me ocurre reflexionar sobre la evolución que tiene uno mismo, moviéndose en el espacio y en el tiempo. Más que un interés geográfico, o de descripción de realidad, que no tiene que ver con la poesía, sino con otro tipo de literatura, en este caso son más impresiones que tienen que ver con la centralidad de la persona que escribe y cómo cambia o recibe modificaciones con la experiencia que vive día a día.

– Y la moviola descompuesta, ¿Se puede componer?

– No sé si se logra recomponerla, quizás es parte del destino del hombre contemporáneo de tener mucha más dificultad de encontrar una unidad definitiva. Es posible que una de las características del hombre contemporáneo sea vivir fraccionado en el espacio y en el tiempo, un poco cubista entendiéndolo como lo interpretó Picasso. Comprender como la modernidad nos ha llevado a escribir la realidad en el mismo momento fraccionada, en posibles perspectivas distintas.

– ¿En No tenemos un guionista de repuesto es Silvio Mignano ese director que nos recuerda las escenas que quedaron mal editadas o las que necesitan una banda sonora más armónica?

– Eso es otra reflexión que más adelante hago, cada uno de nosotros tiene una vida a su disposición pero en el mundo interior hay siempre el deseo inconsciente de poseer otras, que no se tendrán nunca, o que hay que esperar que lleguen. Es como si estuviera siempre preparando un guión para posibilidades y alternativas, que no siempre al final se realizan.

– La crítica en Bolivia lo cataloga como discípulo de Horacio, por ser su poesía visual. ¿Está usted de acuerdo con esta familiarización?

– Es posible, la literatura clásica latina para los italianos es fundamental y Horacio es uno de mis favoritos. Sobre la poesía visual es probable que algo no voluntario e inconsciente esté, yo siempre he dibujado y pintado, puede que mi atención en la literatura nazca de la observación visual y de la realidad, y esto último, entra incluso contra mi voluntad en la escritura.

– Cada uno de sus libros entre novelas, poemas y cuentos han sido escritos en lugares diferentes tanto de Italia como del mundo. ¿Ha servido la geografía y la cultura de esos lugares como musa e inspiración?

– Sí, un poco porque es algo que entra dentro de mí. Los últimos dos libros, uno está ambientando en mi ciudad de infancia que es Gaeta (Italia), y el otro en Basilea (Suiza), donde también viví algunos años. Lo que si me he dado cuenta, lo puedo decir hoy después de tanto tiempo, es que escribo sobre un lugar después de algunos años de distancia, cuando ya me he alejado. Entonces más que describir la realidad que estoy viviendo y experimentando en ese mismo momento, me refiero a la que ha quedado en mi memoria, quizás incluso con un sentido de nostalgia, de haber perdido algo cuando me alejo de ciertos lugares.

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Musa y vida

Las palabras van y vienen en la vida de Mignano. Algunas en forma de compromiso, por sus labores diplomáticas, otras más libres, con alas propias que vuelan y caen quedando ancladas en páginas, en memoria y sentimiento. Sin objetivo preestablecido, pero si con la belleza de la prosa que encuentra su espacio y tiempo perfecto.

–  Se escribe para entender la vida

–  Creo que no, por lo menos en mi caso no hay un objetivo definido antes de sentarse a escribir, al final puede que sea así, pero no hay un objetivo declarado, para escribir.

– ¿La belleza se ha dejado cautivar en los textos de Silvio Mignano, está presente?

– Si absolutamente, creo mucho en la parte estética que por supuesto no es una visión superficial, no es que los personajes deban ser todos bellos y lindos. Pero la belleza como algo un poco más complejo, que seguramente es propio de los italianos, para nosotros es muy importante buscar la parte estética de la vida en un sentido muy profundo, nada superficial. Es como si estuviésemos conscientes del desorden visual del mundo y buscamos siempre una armonía que a veces no se logra alcanzar, pero es parte de nuestra estética que en oportunidades se convierte en ética.

– ¿Y la alegría?

– Sí, como uno de los sentimientos propios del ser humano. Es una condición que no puede estar siempre presente en la vida. Es algo de raíces latinas clásica, las personas buscan la felicidad, el cumplimiento de sus deseos, que en oportunidades se obtienen y en otras no.

– ¿La vida es la musa para su literatura o su literatura es la musa para su vida?

– En los últimos años más el primero, tuve una evolución en mi escritura con la atención mucho más fuerte en la vida concreta y real.

La literatura es importantísima, pero es algo que no debe nunca dominar nuestras vidas, lo digo yo que amo la literatura, leo todos los días, vivo circundado de libros que son fundamentales para mí. Pero a pesar de esto me doy cuenta que al final lo que gana siempre es la vida real de las personas y nunca se debe dejar a un lado, siempre debe estar presente.

La tentación en papel

Puede estar sin escribir, pero sin hacer dibujos no. Es un hábito, que a diario lo pone en práctica. La ilustración como reflejo del día a día, de lo cotidiano. Del café que acompaña al lápiz y viceversa. De las tazas con olor a recuerdo y del grafito, siempre afilado para despuntar la imagen.

– Pasando a su rol como ilustrador, realizó dibujos para adolescentes en El regalo del rinoceronte. ¿Con qué lenguaje tanto escrito como gráfico se acerca a este público?

– Utilicé un sistema personal, que no necesariamente es el único. Tenía la experiencia y en mi memoria los momentos de mi vida africana, utilicé los animales como elemento, no humanizándolos como la fábula clásica. Quise que mantuvieran sus características, pero que a la vez se mezclaran casi de manera surrealista con la vida humana.

– En su red social Facebook, publica a diario o con mucha regularidad ilustraciones. Dos objetos persisten en ellas: el lápiz y el café. ¿Qué connotación tienen para Silvio Mignano estos elementos?

– Debo decir que son elementos cotidianos, tomo café todas las mañanas, el lápiz es un objeto fundamental. Casi más que la escritura yo no puedo estar sin hacer dibujitos, pero a la final la combinación es casi casual. Se convirtió en un juego en el sentido de tener dos puntos de referencia. Un poco como dije antes, que para la escritura uno debe tener un proyecto inicial, luego hay desvíos. Lo mismo en este caso, hay dos cosas que yo me impongo, nadie me lo impone, de respetar la tacita y el elemento horizontal del lápiz, que siempre es horizontal. Es un desafío conmigo mismo, vamos a ver qué podemos inventar hoy para juntar estos dos elementos gráficos. Muchas veces, el 90% no hay significado, ni mensaje ideológico, muchas veces la gente lee mensajes y significados que no existen, es simplemente un juego.

– Pero es que llama la atención, porque a veces en las tazas hay capuchino o hay expreso…

– Eso era un secreto. No lo tenía que decir, pero finalmente lo diré… cuando hay capuchino es porque estoy en Italia.

– ¿Qué es una hoja de papel?

– Es una tentación, algo debo hacer con esa hoja.

Somos ciudadanos del mundo

Aún intentándolo, no se puede desprender del todo de su investidura como Embajador de Italia en Venezuela. Es un diplomático con una carrera intachable, que trata sobre todo de ser una persona al servicio de la comunidad italiana. De poemas y trazos, vuelve su mirada a la realidad de estos países que lo unen, y de situaciones que nos tocan como ciudadanos de un mundo global. De esas circunstancias que pueden hacer cambiar a un individuo, a su núcleo familiar, a la sociedad que lo representa, habla desde su sinceridad. Aquí las impresiones y la visión del doctor Silvio Mignano, como embajador sí, pero también como persona capaz de aportar desde la opinión franca y abierta, su visión y compromiso indeleble.

– Antes la emigración era de Italia a Venezuela, ahora es a la inversa. ¿Cómo ve este proceso y si hay cifras de los italo-venezolanos que se han ido?

– No tenemos cifras, porque al final muchas veces no es una migración definitiva. Van para Italia durante muchos meses, dejan aquí en Venezuela un vínculo, no siempre se registran. La impresión es que hay una deducción factual difícil de calcular.

– La migración es un proceso muy duro, es como un luto. Si le tocara dar alguna recomendación al respecto ¿Cuál sería?

– Es muy difícil dar una sugerencia así, también por delicadeza uno se da cuenta que es muy dramático y cualquier opinión puede parecer una falta de respeto. Pensar que en los momentos más difíciles, la nostalgia es un factor de enriquecimiento interior y el recuerdo incluso más doloroso dentro de nosotros puede producir algo positivo. Pero me doy cuenta lo difícil que es para quien recibe estas palabras, interiorizarlas.

– La esperanza para ambas naciones como una tabla de salvación, ¿Es una utopía o sí podemos creer en cambios positivos que nos reconcilien y nos hagan pensar en un futuro mejor?

– Sería un discurso larguísimo, pero yo puedo decir que sigo siendo optimista, creo en la evolución de la historia, de la humanidad. El hecho de que hoy obtenemos más información que en el pasado es bueno. Tenemos la tendencia de olvidar las tragedias que han ocurrido en años anteriores. Cuando añoramos épocas pasadas nos gustaría vivir en esos años, poseemos siempre esa visión distorsionada, pensando que estos tiempos antiguos era sólo belleza porque lo que conocemos de esa época son obras de arte, monumentos y nos olvidamos como era de dura la vida en siglos pasados. Sigue siendo difícil, sigue habiendo tragedias injustas y tenemos que trabajar juntos para evitarlas, pero no obstante yo creo que el mundo progrese y no vuelva atrás.

– La solidaridad es una palabra que debe estar presente en la agenda de los políticos y de los diplomáticos

– Sí es fundamental. Giacomo Leopardi escribió un poema maravilloso que se llama La ginestra o La retama, en el cual expresa que los hombres deben juntarse, unirse. No lo dice él de esta forma, pero eso lo podemos definir como solidaridad.

– ¿Cómo disolver los muros fronterizos?

– Bueno nosotros los italianos creemos en la ausencia de los muros, también en la Unión Europea. Por supuesto el tema de la migración es muy serio, no se puede resolver con facilidad. Pero la política italiana no es favorable a los muros, sino a una comprensión de los fenómenos, luego a sentarse juntos para enfrentarlos también con racionalidad. Pero la primera propuesta no puede ser la de los muros.

– ¿La paz es el valor necesario para encontrarnos en el amor universal?

– Sí fundamentalmente sí, la paz es absolutamente imprescindible.

– Somos ciudadanos del mundo, si a usted hoy le dijeran que debe escoger una música o canción para abrazarnos como hermanos, ¿Cuál elegiría?

– Es tan difícil, hay tanta música que se me puede ocurrir en ese momento. Quizás una buena música italiana, de finales de 1700-1800. Colocaría un corelli (coro). Pondría una música que no fuera directamente percibida como mensaje, pero que al final nos uniera a todos, con la belleza de la música que es un vehículo también ético.

– ¿Con qué frase definiría Silvio Mignano su vida?

– Esta es la pregunta sin duda más difícil. Probablemente un viaje con la curiosidad de descubrir hacia dónde va, sin saber dónde estaré.

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En el centro de Barquisimeto

Por: Adriana Ciccaglione @adricicca

Decir voy a salir un rato en Barquisimeto, se puede convertir en un episodio lleno de emociones e impregnado de instantes con sabor a reflexión. Cada esquina de la ciudad salpica una anécdota, que sin duda alguna se convierte en un sello indeleble guardado en eso que llamamos memoria.

Esta mañana atravesé la Plaza Bolívar de mi ciudad, como tantas veces. Pero como nunca antes sentí un olor a limón, alcé mi mirada buscando un limonero y no lo encontré, pero el aroma continuaba, me arropó, me sumergió en el más cálido de los abrazos, pues entre ramas, brisa y destellos de luz, pude parar mi agenda por unos segundos. Ya no estaba apurada, mi rostro agradecía la caricia del viento y mis ojos se llenaban de ese cielo clarito de Barquisimeto.

Volteé mi mirada hacia la estatua de Simón Bolívar, seguía allí, imponente y tranquila, la piedra tallada ya no me parecía tan dura y tan fría, más bien reflejaba a ese hombre que es sinónimo de libertad, por su apodo, por su lucha y su obra. Mis pasos se perdían entre los cuadrados dibujados en el piso, hasta que culminé el recorrido por la plaza.

Me encontré a Argenis, sí al que todos conocemos como el “Loco de la Pancarta”. Quise saludarlo y compartimos unas palabras. “Tengo 25 años en esta lucha, los cumplo en noviembre. Es mucho tiempo con una protesta pacífica y no violenta. Me da mucha tristeza que ninguna de las autoridades haya podido entender mi clamor sobre los psiquiátricos, que no hayan hecho nada. Yo me pude escapar, pero los que se quedan dentro de estas instituciones de salud, la pasan mal. Me otorgan condecoraciones y premios, con eso no se resuelve nada. Creen que aumentando mi ego, puede callar mi conciencia”, lo manifiesta quien se cataloga como loco e indigente, pero que realmente es un héroe anónimo, un quijote sin molinos, pero si con mucho camino y con los ojos llenos de sinceridad.

Fui a la casa de Eustoquio Gómez, sede de la Corporación de Turismo de Barquisimeto (Cortubar). Entre una diligencia y un pasillo, me topé con unos señores esperando el turno para que le cortaran el cabello. Y mientras tanto, el barbero cantaba, rodeado de músicos, arpa, cuatro, objetos antiguos y muchas ganas de compartir. Un señor se me acercó para decirme que lo grabara, ya era tarde, tenía rato haciéndolo, estaba cautivada por el instante mágico que me devolvía al pasado y me recordaba el oficio que ejerció mi padre durante años y con el cual pudo sostener a una familia.

El sol indicaba que estábamos próximos al mediodía, el hambre también. Me compré un tostón, si de los de bolsita transparente. No llevaba la cuarta parte, cuando un joven me pidió uno. Tomé uno y le di lo que quedaba en la bolsa, recordando la frase de San Francisco de Asís: Es mejor dar que recibir. La cara de sorpresa y alegría, fue la mejor respuesta que pude obtener.

Unos señores jugando ajedrez, bajo la supervisión de Salvador Garmendia en la plaza de “Los libreros” y otros contando el dinero de la pensión, me recordó que la cotidianidad la hace cada uno, con sus propias tildes, sus puntos y comas, donde mejor las quieran ubicar.

Ya en el transporte público, pensé que se acabarían los episodios, pero estaba equivocada a Dios gracias. Un muchacho sube al autobús y cuatro en mano, comienza a cantar y a tocar. El que estaba a mi lado le dice, entregándole dos billetes de 50 en sus manos: “bro, síguele echando bolas”. No sé qué cara puse, pero quien compartía un pequeño viaje conmigo me dijo: “soy músico y reconozco cuando alguien toca y canta bien, de verdad que me gustó su interpretación”.

Es más que un gesto económico, se trata de uno envuelto en cariño y solidaridad con el desconocido, en un país tan necesitado de esas muestras de afecto y tolerancia mutua.

Recorrer Barquisimeto, es exactamente eso, encontrarse con sus espacios, con personas, caras, gestos, gritos, canto y expresiones, todas auténticas y genuinas, diferentes pero no por eso altisonantes, más bien cónsonas a una ciudad que va al ritmo de quien la camina y la descubre día a día.

Posdata: El vídeo no es profesional, sólo es una mirada a un espacio y personaje de la ciudad.

We Are Pirates | The BBRBF Book Club — TheEyreEffect

Much like my day, this book was a disaster. But I’m getting ahead of myself. In this sixth (?) installation of the BBRBF book club, don’t forget to read the reviews of Sara, Noelle, Lyndsey, Helene, and Katherine! Helene chose this month, although she had also suggested The Girl On the Train, but due to…

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